Odiaba los
balances de fin de año, pero inevitablemente los terminaba haciendo. Poniéndose
en perspectiva, pensando cómo empezó y como terminaba, que había pasado al
medio, que había aprendido o desaprendido. Pensaba sobre la vida, sobre sí
misma, sus relaciones. Salía al balcón y sentía olor a lluvia, pájaros cantando
y se veía como en una película. En esa película, se paraba en el balcón de su
casa, se prendía un porro y lloraba un poco, porque sentía que estaba entendiendo
cosas que antes no entendía, porque sentía. Y eso era raro, sentir, un año en
el que la vida le había impactado en el cuerpo, la había casi obligado a
golpearse con sus peores monstruos, porque como todo afuera era calmo, porque
como todo estaba bien podía dedicarse a ella, verse a ella, charlar y
(des)encontrarse consigo misma. Piensa que algunos días retrocedió un poco, la
misteriosa fuerza oscura la volvió a agarrar desprevenida y no sabe cómo
defenderse porque está adentro suyo, no viene de afuera. Y piensa – estoy en
armonía, tengo paz, tengo cierto equilibrio- y la fuerza oscura le dice – buuuu
soy la fuerza oscura que nace en tu no-apéndice y que domina tu conciencia,
esas rota, rota, por adentro y desde siempre, buuuu-. Y ella llora un poco, y
patalea, y siente ese dolor en el pecho como
un golpe seco sobre el esternón pero sin el golpe. Como un ataque de asma pero
sin enfermedad. Como un dolor pero sin dolor. Un contraerse los músculos y los
huesos y oprimir los órganos vitales que residen en el torso pero infantil.
Duele pero como en diferido.
domingo, 21 de diciembre de 2014
saber poner fin
Ni rencores, ni ganas insatisfechas, ni
palabras no dichas…
Ni caricias amontonadas, ni malos tragos, ni
restos de veneno…
Ni fingir indiferencia, ni tener que mantener
una falsa dignidad…
Ya no queda nada, no me llevo más que un
manojo de recuerdos y la convicción de que ya fue suficiente…
martes, 9 de diciembre de 2014
lunes, 20 de octubre de 2014
despedidasamargas
Y entonces agarró sus cosas en silencio, mientras lo miraba dormir como siempre, como nunca, después de no haber podido dormir en toda la noche a pesar de tenerlo al lado. Se levantó y se fue al baño, ¿volvería a verse en ese espejo? Sentía que todo a su alrededor se desmoronaba, todo lo que creía haber construido se apagaba, todo lo entera y en paz que se sentía... pero no podía detenerlo, ya no quería hacer más, ya no tenía ganas de intentarlo. La música sigue, la música siempre sigue.Las cosas que nos pasan son efímeras, avanzan, evolucionan, somos los mismo pero no, y ella, quizás, empezaba a necesitar otra cosa.
No importa que
pasó en realidad, no importa cuales fueron los hechos concretos, porque nunca
importó. Porque siempre fue un juego de idealización/desidealizaciones en las
que tiraba un turno cada uno, y mientras, el otro aprendía a querer las
realidades y no las proyecciones. Pero así y todo, real o inventado,
mantenían una fantasía, incluso queriéndose a destiempo.
Disociada su cabeza de
su corazón para tratar de sentir y no pensar, para callar un rato las ideas y
por una vez animarse a eso a lo que sus escudos personales no la dejan, había logrado que pelee contra su miedo a abrirse a alguien, que se anime a
entregarle a alguien su vulnerabilidad. No lo sabia, no podía saberlo, a
pesar de que siempre lo considero otro ser-erizo, que solo puede querer a
distancia. Y quizás se explica así, no? Solo sabía querer de esa manera, pero ella también, y de vez en cuando los erizos se olvidan que demasiada cercanía pincha... y que demasiada distancia congela también.
Mientras se miraba en el espejo de su baño, intentaba tragar el nudo que se le formaba en la garganta, no derramar esas lágrimas, no llorar porque nunca fue parte del trato, eso no tenía que pasar "¿porqué? si
solo queríamos pasarla bien…"
Pero solo
queremos pasarla bien llevo a una seguidilla de eventos que terminaron con un
erizo olvidándose del filo de las espinas… y todo porque adentro suyo creció
algo que ocupo todo, sentía, amaba, y el amor te excede, te obnubila, se
derrama por todos lados y ocupa cada intersticio de tu vida, el amor no es esa bandera que sostiene las relaciones, es la forma de relacionarse la que sostiene el amor, y cuando ya hay amor, no se vuelve, no se puede… no se acostumbra a sentir y no lo pude
manejar, necesitaba acercarse, quererlo, llenarlo de ella por todos lados, inundarlo. Lo ahogo quizás, lo sabe, y solo generaba más alejamiento, mas retraimiento. Pero no
podía, no podía volver a ser un tempano porque le hacía falta, casi a nivel de
prioridad, lo quería ver, tocar, necesitaba su sonrisa, necesitaba
solo un abrazo. "Me derretiste e hiciste explotar ese color que no te cansaste
de enseñarme, es el más energético" pensó … las pasiones son peligrosas armas de doble
filo.
Pero tenía que
parar, porque entonces ese día se sintió sola durmiendo en su cama, porque se paró frente a un espejo y no sabía quién era, ¿y la
sabiduría? Y el raciocinio? ¿Y el ser frío y pensante del que se jactaba ser?
Estaba mendigando cariño, estaba puteando contra prioridades que ya conocía y
que de repente molestaban. ¿Qué estaba haciendo?
Y entonces
entendió, y lloró lágrimas amargas como nunca. Porque fue un aprendizaje nuevo,
un poquito de crecimiento, un golpe que hacía falta pero para el que no
estaba preparada de forma tan brusca. Lo amaba, de cierta manera rebuscada,
complementándose con él sin saber cómo. "Te amo, quizás, sos la persona con la
que más comodidad logre en mi vida. Pero no puedo estar con vos, porque me
rompiste el corazón, porque hiciste que me convierta en eso que más odio,
porque me hiciste mendigar cariño, me hiciste traicionarme a mí misma." Pero ella sabía que no, que el no había echo nada, que era ella quien se había olvidado de ella misma, y sabe que en el fondo, donde el no tiene miedo de engancharse, de volverse un poquito vulnerable y se anima a querer... en el fondo tampoco quiere eso que es ahora, sabe que sería más cómodo no quererlo tanto, sería más fácil si siguiéramos diciendo "no pasa nada estamos bien" ... queres eso frío, “lunar” dijiste
alguna vez, la fantasía sin hacerse realidad. Necesitaban quererse a
destiempo, necesitaban no quererse porque esa era la magia, esa era la esencia
sin malentendidos, sin peleas, era todo tan bueno porque era irreal.
"Te dejo la llave acá,
te dejo mi corazón acá también, acordate que fue tuyo, que siempre lo va a ser
en parte, me enseñaste a amar, me enseñaste a ver la vida con amor, me hiciste darme cuenta todo el amor que puedo
dar, todo lo que puedo llegar a sentir, gracias. Pero necesito otra cosa, no
quiero sumar cosas que no sean constructivas a mi vida, y en este momento no me
suma estar así, no me suma llorar, no me suma no poder pensar por afuera, no poder
despegarme, necesito recuperarme. A mí, sola. Yo, como siempre. Yo. Solo te estoy
diciendo esto porque necesito limpiarme, necesito decir todo eso que no nos
dijimos, necesito poner en palabras algo que siempre me quemo solo a mi adentro mío,
y vos me vas a mirar y no va a decir nada, porque siempre me miras y no decís
nada, y entonces nunca sé que pasa. Pero ya no me divierte, ya no sé si quiero
jugar a tratar de romperte cuando yo me desarme contra mi pesar. No te tengo rencores, te entiendo más incluso de lo que vos
te entendés, no tengo ganas insatisfechas o quizás sí, la de morderte todos los
lunares, la de dibujarte constelaciones en la espalda, las de infinitos cafés
escondidos en tu departamento del mundo, creyéndonos inmortales… y ahora tampoco
palabras no dichas porque te las dejo todas, aunque no soportes verme llorar,
aunque no puedas lidiar con emociones y yo te apabulle con esta especie de
ebullición… No hay caricias amontonadas, nos las dimos todas, jugamos a
todo lo que quisimos inventar con el otro, ni malos tragos, ni restos de veneno
porque jamás existieron, porque con vos siempre todo fueron whiskys y risas,
besos y flores. Ni fingir indiferencia, porque sería falso, ni fingir
amistad porque a esta altura ya no puedo ser tu amiga, no me interesa. Queda todo y no queda nada. Diciéndote chau, te amo más que
nunca, te amo con todas esas letras, con todas las veces que moría por
gritártelo y no me animaba porque tenía miedo que te aleje, que te asuste. Te
amo tanto, que me olvide cuales eran las características con las que me
identifico, que me volví terrenal, que me olvide que hace falta despegarse, no
aferrarse, que querer no es poseer, no es aprisionar. Y necesito acordarme, para quererte sin patología,
sin llantos, sin exigencias desmedidas y sin pedirte que dejes de ser quien
sos, necesito decirte chau para poder volver a ser dos individualidades que
caminan juntas pero sin olvidarse que cada una es un camino propio, en
realidad, para volver a encontrar mi individualidad, porque nunca la perdiste,
porque la estabilidad de tu estructura no falla, jamás, pero yo me olvide un
poco de eso, y necesito recordarlo." Hoy necesito volar.
jueves, 10 de julio de 2014
minotauro
Y es que lo que pasa, corazón, es que después de años de estar encerrado en medio del laberinto, acumulando pasiones sin nombre, engrandeciendo ternuras sin dueño, alimentando amor para dar sin propietario... cada vez que alguien llega al centro y lo visita enloquece. Y en su vorágine de amor/destrucción se lo come o se destruye por la emoción. Nadie sabe lidiar con las pasiones.
jueves, 19 de junio de 2014
insomnio
Existe una
ciudad, una ciudad de la que nadie sabe el nombre, o quizás nunca lo tuvo, o
quizás ya ni importaba. No importaba porque conocer su nombre no era requisito
para conocerla o para llegar a ella. Solo unos pocos conocen la ciudad de la
que hablo, su apariencia, sus calles; y aún incluso los asiduos visitantes no
podrían explicar por qué caminos, siguiendo cuales rutas.
En esa ciudad
nunca es de día, la noche eternizada, la luz de la luna como único satélite en
el cielo. Es la ciudad de Los Que No Duermen.
Pero no Los Que
No Duermen como actividad de dormir, de recostarse, de cerrar los ojos, de
contar ovejas, de poner el cuerpo a descansar (en lo posible) en posición
horizontal. Hablo de todos los que cierran sus ojos en el silencio de sus
habitaciones para seguir pensando y sintiendo, para despertarse en algún ese
otro lado sin pausa en su cabeza.
Los pocos que
recuerdan algo de sus viajes al raro lugar, la describen con palabras
embrolladas, como intentando desenredar una maraña de hilos, de calles, de
nombres, de caminos sin fin, avenidas, autopistas, costaneras. Cada uno camina
sin cesar por ellas, subiendo bajando, volviendo, nunca recorriendo dos veces
el mismo lugar. Hay música en cada uno y se ve avanzar cuerpos meciéndose a
ritmos distintos.
Siempre es de
noche, pero esas noches de verano en donde las estrellas brillan con más fuerza
y corre un vientito que refresca los corazones.
Nadie habla con
nadie, todos bailan caminando, todos caminan. Pero hay un detalle… las miradas furtivas entre los
caminantes dejan sus huellas, y de repente en una calle cualquiera durante el
día cotidiano se chocan con un completo extraño, y lo reconocen, y sus
encuentros los hacen temblar.
sábado, 7 de junio de 2014
1
Milo tiene los
rulos despeinados, la sonrisa franca, los ojos inocentes. Milo te mira y
confias en el, queres abrazarlo y decirle que se cuide, que no sea tan ingenuo,
que la vida no trata solo de correr luciérnagas en noches de verano, o volar
barriletes en tardes de otoño. Milo a veces necesita que lo sacudan y le
muestren que la realidad no va solo de besos y porros.
No fue un error
conocerlo, pero éramos dos seres humanos que creían en ideales distintos, que
sintieron en tiempos distintos sin posibilidad de reencuentro. Algo lejano y
trascendente nos une. Compartimos todo lo que nos permiten nuestras
diferencias.
Milo…
Milo apoya la
punta de su lengua en mi espalda baja, y me estremece. La piel se me pone de
gallina, hasta la última conexión nerviosa se enciende. Aprendió rincones de mi
cuerpo con el tiempo, y sabe dónde tocar para embargarme. Sube despacio y se
come mi cuello, me vuelvo vulnerable. Sonríe, con esa sonrisa de quien e cree
ganador de un tesoro, y aprisiona en su pupila hasta el último gramo de alma
que se escapa por mis poros.
Milo es tan nene
chiquito unas veces, pero entonces me hace acordar que no, que el también
construye fachadas, que él también es un disfraz detrás del cual…
heladas
Le gustaba
sentirse etérea. Y entonces descolgaba su sonrisa y dejaba que el frío viento
de invierno la cale hasta los huesos, formaba
un copo de hielo más brillante que cualquier diamante y lo guardaba en su
corazón, para enfriar todo e inundarse de blancos. Agarraba con las dos manos
su taza de té y sentía el olor a rosa mosqueta entrar por sus pulmones,
impregnarle el alma. Sonreía y se olvidaba.
A veces quería
vivir de humos de colores, de aires puros matutinos, de aires limpios de ocasos
otoñales. Le gustaban los colores fríos, los días de sol helados, los buzos
largos y los abrazos caricia.
No sabía estar en
un lugar ni detenerse a pensar en un tiempo, se olvidaba de aferrarse al piso y
se metía para adentro. Estaba llena de
lugares desolados, minimalismo.
Lleno una botella
de agua, prendió una vela y el olor a cítricos invadió todo. Subió el volumen y
se dejó, un solo de saxo la envolvió y se la llevó, se le congelaron un poquito
las pestañas antes de darse cuenta que el frío se le estaba escapando para
afuera.
Abrió los ojos despacito, derramando una catarata de
destellos y en la luz tenue del sol del otoño de las cinco de la tarde lanzo
una carcajada.
miércoles, 4 de junio de 2014
de esos que mientras duran son eternos
No tenía ninguna magia ni historia disparatada. Era
un poco de cotidianeidad que se confundió por un exceso y mitad en joda mitad
enserio se animaron a flashar. El vivía donde siempre, trabajaba en el negocio
de la familia o se drogaba, sus dos actividades diarias. Ella era amiga de una
amiga de una amiga, o algo así; demasiado aburrida de la nada, de constantes
que no tenían conflictos buscaba enquilombar su vida con un motivo sin motivos.
Se conocieron en una salida de esas que terminan a la mañana con los tacos en
la mano, la ropa y el pelo de la noche anterior pero como si los hubiera
atacado un huracán, y el delineador corrido. Decidieron pasarla bien sin
preguntarse demasiado, y era lógico, después de eso ella se iba a subir a un
avión para irse a vivir del otro lado del mundo. Perfecto. "Es lo que
busco", "yo también", sonrisa y beso intenso. No mucho más que
eso. Al menos durante la primera semana.
La segunda semana fue la de "qué rico olor que tenés". Y
"qué rico olor que tenés" viene acompañado siempre de esa cosa en la
panza, de los besos en puntos estratégicos del cuello, esa sonrisa mientras me
abraza así no ve que estoy sonriendo, desayunarse mientras el agua del te
hierve en la pava que silba rítmicamente. No tengo ganas de irme, y bueno, no
te vayas, y así durante un par de días.
Una semana después ya salieron de la cueva, fueron a comer y a patinar,
querían tener anécdotas, ir al cine, tomar helados, chistes y carreras, volver
tan ebrios de algún bar bailando en cada semáforo que encuentren y con tantos
perros callejeros como haya en el camino. También empezaron a mirarse en
silencio y a cortar el momento incómodo con un beso para no decir esas palabras,
porque la estamos pasando bien, ¿no? Vos ya te vas, disfrutemos de lo que
queda. Obvio, sí, es la idea, vení, vamos a tocar la guitarra un poquito.
Para completar la idea de historia cliché es necesario mencionar la
música. La droga. El whisky. Noches de generar recuerdos que después iban a
doler, o a extrañar… básicamente. Porque el recuerdo de las noches de droga,
vino y música es mucho más entretenido que las noches de droga, vino y
música.
Demás está decir que miraron películas geniales y buscaron la banda
sonora y se descargaron los discos y no pudieron creer lo buena que está esta
banda, cómo no la descubrimos antes. Y que cenaron y no te puedo creer! Tampoco
le pongo azúcar al café.
Y a la cuarta semana se querían morir. Obvio.
El baldazo de agua fría los sacó de la película y los devolvió a la vida
real en esos quince minutos de despedida antes de que ella se fuera al aeropuerto,
sola, en taxi, porque el tenia que laburar y ya no podía faltar mas.
Ella estrena vida en el primer mundo, pateando calles y haciendo lo que
ama, él se separo del viejo y abrió un localcito solo. Se hablan casi todos los
días, pero con el tiempo se van espaciando las conversaciones. Dejan de
saludarse por el cumpleaños y no se revisan más las fotos. La música sigue. La
música siempre sigue.
En una realidad paralela están juntos y felices, porque resulta que sí,
iban a ser felices. Pero en la realidad de acá no hay mucho espacio para esas
cursilerías y a nadie le importa lo que podría haber sido, nena, seguí
moviéndote que entorpeces el tránsito
domingo, 25 de mayo de 2014
un poco de nada y de todo
Ah Renata, vendedora de palabras que
viaja por la vida abrigada con sonrisas, nómade, amiga del viento, atado al
pasado, al porvenir, siempre en todos lados, nunca por aquí. Le llené de piedras
los bolsillos, y por algún tiempo funcionó, se quedó en la tierra, empezó a respirar
de a poquito en el hoy, en las realidades de vida cotidiana, de rutinas y cosas
pautadas.
No sé cómo ni cuándo ni dónde la
conocí, eras la prima de un amigo del vecino del kiosquero de una tía, del
destino que nos quiso unir.
Nunca empezó, aún no se si acabó, es
difícil saberlo, nos hablábamos en un mundo paralelo, donde ella me
transportaba, sin cerrar los ojos, sin levantarnos de la cama. Le contaba del
cielo y las estrellas, formulas y teorías de física, guerras mundiales y socialismo.
Ella charlaba de sus amores, desgracias y promesas, Freud, Lacan, José
Ingenieros, Harry Potter, las uñas, el pelo. Y así como así, quemábamos sedas,
creábamos humos de colores y nos acabábamos la bolsa de caramelos con el mismo
entusiasmo, nos desayunábamos con esa gracia infinita, moviendo las manos, sonriendo,
poniéndonos a prueba, retándonos a duelo. Un cable a tierra que irónicamente en
vez de vaciarme me llenaba.
Algo tenía que me atravesaba, mirarla
desnuda peinarse frente al espejo, paseándose con mi camisa desabotonada,
quejándose de su facultad, su familia, del frío, del calor, del ruido, de mí,
de ella, de vos, de yo.
Cómo nos queríamos, cómo la quiero.
Nos mirábamos con una sagacidad animal, éramos pura piel, en una confianza que
no sabría explicar, y su alegría, sus besos, esa manía de abrazarme por la
espalda, de jugar con mis lunares, de mirarme dormir sin hacer nada, esas
constantes ganas de quedarnos tirados, pero juntos. No jugábamos a la rayuela, no
había ningún cielo que alcanzar. No perseguíamos un objetivo ni nos hacíamos
planteos, si nos caíamos nos reíamos del tropezón y a lo supo nos raspábamos
las rodillas pero nada más.
Renata es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber, es a veces tan retorcida que hay cosas de ella que prefiero no conocer A veces siento que no puede, no por mala sino porque no sabe entregarse del todo, mostrarse transparente, enseñar sus fantasmas, pero entonces solo puede dejarse ir, y así vive de acuerdo a lo que piensa y siente en ese momento, sin hacer reflexiones o cuestionarse implicaciones futuras.
Renata es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber, es a veces tan retorcida que hay cosas de ella que prefiero no conocer A veces siento que no puede, no por mala sino porque no sabe entregarse del todo, mostrarse transparente, enseñar sus fantasmas, pero entonces solo puede dejarse ir, y así vive de acuerdo a lo que piensa y siente en ese momento, sin hacer reflexiones o cuestionarse implicaciones futuras.
Nos
abrazamos por última vez, y mientras veía cerrarse el ascensor con ella adentro,
chueca y despeinada… no pensé en nada, intentaba no atarme tampoco, lo curioso
es que con el tiempo necesite curitas, la caída me dolió más de lo esperado, el
raspón entre nostalgias de noches largas comenzaba a crecer.
Que
hermosa estaba Renata esa noche, si tan solo sus ojos fueran claros como su
piel, si tan solo su alma no entrañara el laberinto de espejos que la hace
chocarse una y otra vez.
No
podría decirte que le pasó, que cosas se le cruzaban por la mente mientras
intentaba convencerla de que no hacía falta que le pongamos un nombre o que le
busquemos una explicación a esto que pasaba. Yo creo que la amaba, en dos
semanas había llegado a morderme la lengua para evitar decirle “te quiero” y
estrujarla en un abrazo que la pegue a mí para siempre, para comérmela,
introyectarla, que sea parte mía.
Renata
era, es, tan contradictoria, me hablaba del futuro, de viajes, de lugares que
quería que conozcamos juntos, de películas que quería que vayamos a ver, me
hablaba de nombres y número de hijos, de muebles y plantas que quería tener. Me
agarraba la mano, qué chiquitas eran, haciéndome las preguntas más extrañas, y
yo le pedía opciones para responder A, B, C, no quería decirle algo que no
quisiera escuchar, necesitaba que me sonría, que cuelgue sus ojos de los míos y
me aprisione con ella. Renata había encendido el tendido eléctrico de mi
cuerpo, me había partido como un rayo en medio de la tormenta más prolongada de
mi vida, y no me había dado lugar a elegir. Renata estaba dentro mío, desde el
primer momento en que me pidió que le convide un cigarrillo y que la acompañe a
su casa porque no quería caminar sola; tenía la mirada perdida y el delineador
corrido, la miré y a ella le costó establecer contacto, rehusaba mirarme a los ojos…
pero cuando lo hizo, supe que dejarla sería más difícil que convivir con sus
mambos. ¿Entendés? Me volvió loco, esquema que se le cruzó fue torre que cayó,
yo iniciaba la cuenta regresiva, ella ya quería irse, y entonces le compraba
medialunas, hacíamos leche con chocolate, y le robaba minutos silenciosamente,
para mirar su sonrisa un rato más, para sentir la brisa que abanicaban sus
pestañas al parpadear.
Entre
flores, chocolates y sabanas cómplices, quiso terminar. Yo ya tenía presupuesto de los viajes, el mapa de los ríos que quería conocer, había leído
su libro favorito y sabía que elegía chupetines verdes, pero Renata
dibujando mandalas en el sillón de su casa, un día no se cuando, me
miro con esos ojos árabes, complejos, y frunciendo la nariz, me dijo que debía alejarse.
No
me dio motivos, cancelé cualquier intento por reconquistarla, le puse paños
fríos a la psicología inversa y me redimí a sus pedidos, como siempre, que se
yo, jamás podría haberle negado nada y ahora era igual, Renata hacé la tuya, quizás
logre hacer la mía también.
Me
puse los guantes, enrollé la bufanda alrededor de mi garganta anudada y aguantándome ese dolor inasimilable en el pecho salí rumbo a ningún lado, ah no, miento, iba al cine, pero en verdad no me acuerdo
si la película fue muda, o era yo quien no quería escuchar.
viernes, 23 de mayo de 2014
compulsión a la repetición
Mientras avanzamos en el día a día
vamos probando oportunidades, viendo de que manera ajustando las variables
podemos llegar a resultados que necesitamos o lo más cercano a ellas que nos
salga. Pocas son las veces que tenemos una certeza y una seguridad “másalládetodo”,
que nos permita hacer y deshacer sin preocupación, desenvolvernos como nos
venga en gana porque sabeos que el quid en cuestión esta fuera de discusión,
que pase lo que pase, va a ser…
Amprados por la insensatez y la
seguridad imperceptible pero ya constante invariable, fijada. Esa certeza deja
de ser variante y se convierte en el no-proceso que permite devenir todo el
resto de las dinámicas diarias. Pero en esa clase de certeza es donde la
crueldad encuentra su primer bastión. Voy, vengo, hago, omito, te quiero, te
olvido, te pido, te obligo. No nos importa, efectuamos sin moderación. Porque
hagamos lo que hagamos lo damos por hecho, es el encuadre.
A veces creo que ellos dos se manejan
de esa manera, van por la vida creyéndose destinados, valiéndose de cuanta arma
de destrucción masiva tengan a su alcance para demostrarse cuan fuertes son,
como si alguno se percatara. No me queda duda, son indestructibles. Pero, ¿A
qué precio?
Durante un tiempo se alejan, llevan
vidas separadas, sin puentes. Desayunan sin sorpresa, duermen en camas anónimas,
a veces se extrañan, pero nunca confiesan. Conocen personas nuevas, bailan
músicas ajenas. Intentan. De verdad desean. Quebrar la conexión, deshacer la
certeza. Ser lanzados al viento. Nunca más intercambiar miradas. Ser sanos. Ser
plenos.
Para cuando logran aquella
estabilidad, el Sol se alinea con la Tierra. Hay temblores cuando se encuentran.
Los caminos complotan, crean roces, y como un embudo, no les deja pelea. Caen
juntos. Creen juntos. Por una milésima, se encuentran.
Y ahí va de nuevo, es la certeza.
Efecto rebote. Aunque no lo quieran, cada vez más fuerte los golpea. Ahora se
alejan, otra vez las huelgas. Son islas. Son planetas. La próxima será un
minuto. Es probable que desaparezcan.
lunes, 19 de mayo de 2014
detormentaseléctricas
Una vorágine de
cosas destructivas, de negaciones, de pedazos escindidos de mundo, de ausencias
sin nombres, de acciones sin dueño, de recurrencias que asustan, que son
ominosas.
De reconocer la falta, de querer llenarla y no encontrar qué es lo
que se perdió. Qué búsqueda se empieza sin saber qué es lo que se busca, sin
saber que o cuando se perdió, desde cuando falta.
Una voluntad que falla, que se quiebra, que no aguanta su propio peso, un enemigo escondido
arriba de los hombros, del otro lado del espejo, atrás de los párpados.
Un nudo que no es nudo, que no es más que un pequeño embrollo, un enredo. Pero que esta ahí, y se retroalimenta. Y es tan ínfimo que es fácil barrerlo disimuladamente, esconderlo debajo de la alfombra: no es más que suciedad. O abrir la ventana y esperar que corra el viento y se lo lleve: es sólo arena. Pero conoce el camino de vuelta y siempre vuelve (un poco más sucio, un poco más fuerte). Y una espera paciente, y dedos torpes a propósito, y alimentar el nudo disimuladamente.
Una batalla constante entre vos y vos, un potencial autodestructivo inconmensurable.
Una carrera bajo la lluvia, un rayo que quiebra la noche y quiebra su cabeza, sus escudos inventados, sus mecanismos de defensa contra sí misma.
Se estremece, se sacude, parece que no va a acabar nunca.
Y entonces lluvia, efecto purgante, limpiame el alma, casi suplica.
Caminando en bajada, retornando a su centro. Se ve en una vidriera
reflejada, se sonríe. Y ya pasó...
"Sos la mina más zarpada que conozco, y por eso la más
peligrosa. Cuidate, querete, sos lo único que tiene el potencial necesario para
destruirte".
domingo, 18 de mayo de 2014
cielosblancos
Yo creo que la misantropía esta menospreciada, no saben
apreciar lo sublime de la soledad, de escuchar un álbum con una taza humeante
de te y envuelto en un plumón. No saben
lo que se pierden, y solo por eso les quiero enseñar cómo ser un ser-sensible,
y adoptar la melancolía como estilo.
Para ser un
ser-sensible debe usted despertarse a las 6 de la mañana y quedarse media hora
observando el mundo dibujado en el patrón de una mota de polvo, mientras piensa
en otoños naranjas, barbas y lunares. Prenda una vela con esencia de vainilla
coco y almendra, y proceda a tomar un baño de inmersión con burbujas, y, de no
ser posible disfrute su estancia bajo la ducha caliente, afloje el cuello, abrácese
fuerte y enjabónese con las manos. . Luego del baño, deberá mirarse al espejo
desnudo y repetir la palabra “ser-sensible” cinco veces mirándose los ojos,
estaría bastante bien si de fondo suena, por ejemplo, Belle and Sebastian. Si
aquí deja caer una lágrima, mejor.
No se confunda, no es tristeza, y cuídese de no desarrollar
ese sentimiento, podría ser nocivo, mantenga siempre una melancolía con colores
pastel y gusto a mascarpone.
Lea (siempre utilizando anteojos) cualquier libro que no
esté considerado best-seller, o mejor, cualquier libro que encuentre
significativo para usted, no importa si es un cuento infantil, una novela
feminista antiimperialista o una tesis sobre tiempo/espacio. Léalo con un lápiz
en la mano, subrayando todo lo que le parezca apropiado, encontrándose en
letras de otros y desvirtuando el libro a su favor, de verdad, a nadie más que
a usted le importa.
Prepárese un te cada vez que quiera, y juegue a encontrarle
formas al humo mientras espera que se enfría. Elija sabores que le abriguen el
alma, disfrute comprándolos y buscando combinaciones que le endulcen el paladar.
Si, de repente, cuando asoma a la ventana es un día de cielo
blanco y frío, sabrá que el universo va paralelo a su alma, o si caen un par de
gotas de lluvia puede aprovechar para llorar
un poco porque así, el universo y usted van en una misma dirección. Cuando
llore mientras llueve, intente dibujarse en la imagen de película. En la
película llora de emoción bajo la lluvia, porque siente que ahora está entendiendo
cosas de la vida que antes no sabía. Y ahora crease que de verdad está
pasando, y es usted cada vez más grande más sensible y más humano.
Si encuentra por ahí otro ser-sensible y deciden empezar a
compartir su tiempo juntos, asegúrese que aprendan a compartir silencios y
miradas, a ir con la menor cantidad de ropa posible para tener el alma liviana.
Se aconseja que los momentos de amor entre ambos no duren menos de 3 horas y se
den por la madrugada o al amanecer. Y durante el resto del tiempo, aprendan a
acompañarse estratégicamente sin intervenir en la soledad del otro, sin alterar
su sensibilidad. De lo contrario, puede que usted tenga la sensación de que le
faltó “algo”, que no sabe qué es (si esto llegara a ocurrir, no intente buscar
ese “algo”, no lo encontrará jamás y conocerá la frustración sentimiento poco
aconsejable); o podrá desarrollar esa toxica emoción que llaman egoísmo y
pertenencia (no intente encarcelar otro ser-sensible, estaría manchando con lo
terrenal algo puro y ensuciando su estado de ánimo al divino botón).
De vez en cuando abrácelo tan fuerte, que va a pensar que se
está despidiendo, pero no. Va a ser todo lo contrario. De vez en cuando abrácelo
tan fuerte que vuelva a encontrarlo, que redescubra el espacio entre su hombro
y su cuello, y embriáguese de su perfume, y recórralo de nuevo como si nunca lo
hubiese visto.
Para ser un ser-sensible hace falta que consuma mucho
líquido y que se anime a soltar un par de lágrimas. Cuando este contento llore,
cuando este triste también llore. Llore sobre todo de impotencia, o llore
porque le parece injusto. Llore si le dicen algo feo y cuando le digan algo
lindo, llore. Llore por las cosas feas de los días anteriores y por las cosas
lindas derrame lágrimas más gordas, pero menos saladas. No se olvide de llorar
cuando lo crea necesario, y así con los ojos cristalinos y limpitos mire el
mundo y estalle en una carcajada hasta que se le llenen los ojos de lágrimas.
Las palabras más apropiadas para un ser-sensible son:
analógico, mágico, blanco, negro, luz, sombra, pureza y camino. No se abuse:
utilícelas sólo cuando sienta que son necesarias e irremplazables.
Por último, intente dormirse llorando. Puede usted hacerlo
pensando en cosas nostálgicas y/o melancólicas. Pincharse el brazo, o pegarse
la rodilla contra una pared. Y que después de ese llanto, venga una sonrisa
limpita, habiendo sacado todo lo que molesto su ser-sensible durante el día se
puede dormir en paz.
sábado, 17 de mayo de 2014
123
Lo único que nos distingue y nos hace únicos es nuestra
capacidad de volar. Pero tenemos que tener cuidado, no cualquiera puede enterarse, se deslizan muy fácil los títulos de loco. Por
eso nos escondemos, entramos a locales comerciales sin nombre solo para levitar
un ratito dentro de algún cambiador, o elegimos calles super pobladas para ir así
flotando entre la gente, que se mueven tan atareados y ofuscados con su vida rutinaria, que no
presta atención a los 3 cm que nos separan del suelo. Vamos tarareando una
canción, y en esa parte que nos gusta nos elevamos un poco más y nos reímos
bajito.
Si hoy me peino los
rulos voy a ser más liviana, van a rebotar enmarcándome la cara, muy redonda quizás,
quizás ni me importa. Voy a sonreírle al espejo, y voy a salir volando, no por la ventana
porque sería estirar demasiado el don. Aprendimos
a volar pero nuestro cuerpo recién lo está asimilando, todavía está en proceso de
aprender que despegarse es más fácil de lo que parece, que fluir no cuesta
tanto, y va haciéndose amigo del aire, pero de a poquito. Entonces hace falta
que use el ascensor.
Y voy a salir a la calle, y voy a pensar que a veces me bloqueo,
me voy a dar cuenta que pienso boludeces a veces, que me oscurezco sola, y que
me gusta esa melancolía con sabor amargo, que la busco. Y bueno, no se ser de
otra manera pero no me molesta, a pesar de todo. Igual ahora ya no, ahora iba
con el aire, caminando, tarareando, y me olvide que no tenía que flotar si vos
me mirabas, porque tenía que pasar desapercibida, o quizás también lo estaba
buscando.
Entonces cruzaste y me agarraste la mano. –Te vi! Me dijiste,
y se me dibujo una sonrisa redonda, me atrapaste in fraganti, y como no se
quien sos te voy a proponer que camines conmigo, y te voy a enseñar un poquito
a volar, pero solo un poquito, porque no puedo hacer más que darte lineamientos
generales. No es tan difícil.
Primero tenes que pensar que todo lo que quieras va a pasar,
no sé si eso es bueno o malo pero funciona así. Pensá que de ahora en adelante
vas a conseguir todo lo que te propongas, mira hagamos una prueba. Yo quiero un
chupetín, así que paramos en un kiosco y lo compro, sin pensarlo dos veces, también
se me ocurre llamar a mi mamá, a veces no la soporto pero quiero decirle que la
quiero, ves, la llamo y me llega su sonrisa con sabor a mate amargo y tostadas
con miel.
Vos no lo podes creer todavía y yo te entiendo, pero es así
de fácil. Antes también me pasaba algo parecido a eso que veo en tus ojos. Te
saqué de ese sopor así que ahora aunque sea por un rato seguime la corriente. Yo
ya te diagnostique, te leí muy fácil, y sé que funcionas en neutro.
El balance de tu vida hoy da algo neutro, incoloro, que no te llena pero
tampoco te pesa. Neutro. Eso siempre te sirvió. Siempre preferiste la nada
antes que cualquier cosa que no te convenciese del todo. Elegís, tomas
decisiones, pero tendés a la nada. La nada está ahí. Hablas, esbozas planes, y
todas tus palabras tienen igual el acento de la nada. La nada es tu idioma
original, tu lengua materna, y estas aprendiendo a cubrirla con palabras ajenas. Yo también hablaba en
neutro, por eso conozco el acento, pero ves que casi ni se me nota ya, solo a veces,
cuando dejo que hable en mi lugar. Pero ahí ya es elección.
Y no me conoces, y yo te estoy diciendo muchas cosas, porque
siempre digo muchas cosas, porque me lleno la boca de palabras, porque digo
palabras complejas y vomito cantidades siderales de palabras, y capaz te estoy
queriendo decir algo tan simple como que vuelvas a creer, y que le pongas más
alma a tu vida, quizás solo estoy dando vueltas y más vueltas, casi hasta mareándome
sola para decirte algo tan sencillo. Capaz solo porque quería que camines un
par de cuadra conmigo, para darte tiempo a que desempolves tu fuego y reavives
ese humito que tenes en el corazón, el tiempo suficiente para que no te parezca
tan simple lo que quiero decirte, porque no valoras las cosas simples y eso es
todo lo que te falta, no dejar que la vida se vuelva común, no dejes de querer
la vida.
Y bueno, ahora voy a doblar en esta esquina y me voy a ir. Antes
paremos en este local ves que tiene un zócalo alto, voy a volar un ratito, así
para que veas que se puede, y después me voy a ir. Si algún día te vuelvo a ver,
espero verte flotando, y escuchando música que tararees y riéndote como loco
porque nadie más que yo sabe que también sabes levitar. Y ahora te robo un beso, y me voy, y si querés
te podes acordar de mi como la chica que me empujo a que sea distinto, o no,
vos decidís.
misántrop
Permitidme entonces el siguiente consejo: allí donde te encuentres en compañía, cultiva el hábito de llevar contigo parte de tu soledad, de aprender, en alguna medida, a estar solo aún en medio de los otros; de no decir sin más lo que estés pensando, y tampoco de tomar demasiado en serio lo que otros digan; es preferible no esperar gran cosa de los otros, ni en lo moral ni en lo intelectual, practicando siempre una suerte de indiferencia por las opiniones ajenas, que es la mejor forma de ejercitar una sana tolerancia. Si haces esto, no llegarás a vivir simplemente como los otros sino que te moverás entre ellos estableciendo una relación de carácter puramente objetivo. Estas precauciones te apartarán de un contacto demasiado íntimo y contaminante con la sociedad, y te protegerán, incluso, del fastidio y la ofuscación.
Arthur Schopenhauer, Aphorismen zur Lebensweisheit
viernes, 16 de mayo de 2014
elultimoescudo
No pretendas saber
que pasa acá dentro, no te invite a que conozcas mi cabeza, no pretendas
conocerme más allá de lo que planeo mostrarte. Mirá, pega la oreja, como si
quisieras escuchar a través de una puerta. ¿Ves que no suena?, no vas a
escuchar el bombardeo constante de ideas/contra idea/contra contra idea que me
sacude, y vas a tener que conformarte con que ese es un escudo insalvable, el
único, porque no se ponerlo en palabras. Porque no puedo ponerlo en palabras.
¿Quién viene a
llenar y recoger esos espacios vacíos? ¿Qué se dice cuando no se dice? Quien no
nombra, no aprisiona, no categoriza, deja abierto al ser, la cosa termina
matando a la cosa porque pierde, en el intento de encontrarle un lugar en una
tipología, su singularidad, no la recortes, no digas esas palabras, no duelas,
no todavía.
Me pedís que
trate de explicar un sentir, queres
saber que pasa por mi cabeza. No desconciertes el final del camino.
Escucha con la mirada o pega la vuelta.
Dale rienda suelta a lo que quieras pensar, porque de todas maneras es más real
que lo que sea que pueda contarte. Porque
no aprendí a apresar cantidades de energías con palabras, y a la vez ¿Cómo
cruzar de una palabra a otra? ¿Cómo no caer en el charco de agua que hay entre
tanta palabra junta?
No soy mala, no se
ser de otra manera. No te voy a abrir mi cabeza, no te voy a contar que me
pasa, te voy a regalar una sonrisa, los dedos llenos de caramelos, una invitación
a colgarte en mis pestañas, si queres, pero no pretendas pasar una barrera que
no está en negociación.
Y de repente, como
todo lo que corresponde a mí ser... me voy a levantar e irme. Pensalo en mas allá,
pensalo libre, pensalo esencia pura. Déjalo (me) ser, fluido, así lo leo, me
olvido del entorno, me olvido que existe el tiempo, ¿existe? se deforma, se
elastiza, se hace tan eterno como breve.
no me mires, no
de esa manera. No me hagas más preguntas, no quieras imaginar más respuestas,
después de todo, yo no existo, es tu cabeza la que me construye, tu filtro lo
que me estructura, y ese es tu real. Lo
real que se escapa, no queda apresado en palabras que no sirven para comunicar.
Así como vos no existís, no sos real ante el mundo como en mi vida, son seres
diferentes.
Necesito que me
dejes este derecho a duda, derecho a incógnito, permiso de ideal. Esto soy, en
esto creo, déjame mantener mis escudos y mis ruinas escondidas. Yo también quiero
saber si te puedo sentir concreto en cada rincón de mí ser. Quiero entender tus
pensamientos, tu sentir…pero a la vez necesito que seas ese secreto, esa duda imposible de
descubrir que me lleva a un frenesí difícil de detener, que me invita a
redescubrirte cada día y te hace tan único e inigualable para mí.
extasis
Un torbellino de
colores, y de repente, él siendo eso. Dos nadas, descorporizadas, energía en
movimiento, un cortocircuito y una descarga masiva, absoluta. ..cuando exploto
en placer, cuando el goce se abrió paso e hizo caer cualquier escudo, cuando el
no-contacto constante, se quebró. Cuando todo era energía, cuando solo había unidad
de los sentidos, sentir pensar hacer ver escuchar armónicamente integrados, o
ninguno, suspendidos en explosión.
martes, 29 de abril de 2014
chica agujero negro
Tiene terror al derrumbe de sus fachadas, de las paredes que ha construido a su alrededor para protegerse de un mundo que le resulta extraño, de un mundo que muchas veces le parece un mundo a oscuras, un mundo brumoso en el que los perfiles perdieron especificidad, donde la fragmentación prevalece, donde se alternan idealizaciones y caras sin rostro... Pero a la vez presiente que el temido y esperado desmoronamiento futuro ha tenido lugar en el pasado, sin haber encontrado un lugar psíquico donde caer, no ha quedado registrado en ningún lado, pero grita desde las profundidades de su cabeza, reclama el dominio de su alma. Sonríe, con esa sonrisa de quien conoce su falta y acepta su lado oscuro... sabe que adentro hay algo que esta roto, desde siempre, pero que nunca va a poder categorizar. Si sale de aventura en su mente llega un punto en el que entra por una puerta en ruinas, con fallas estructurales y funcionales. Sus marcas, sus bisagras rotas son las de los vínculos fracasados. Lo intenta, pero es en vano, no comprende las relaciones humanas, no puede entender la cercanía, la intimidad le genera desconfianza y la hace sentir vulnerable.
Camina escuchando música, aislándose, colgando su alma de las nubes. Si pudiera bailar mientras camina... ¿definirla? es como tratar de embotellar el aire, sabes que podes hacerlo pero, realmente está ahí? realmente el aire queda en la botella? Es un misterio inconcluso, incluso para sí, como una incógnita sin respuesta....
Camina escuchando música, aislándose, colgando su alma de las nubes. Si pudiera bailar mientras camina... ¿definirla? es como tratar de embotellar el aire, sabes que podes hacerlo pero, realmente está ahí? realmente el aire queda en la botella? Es un misterio inconcluso, incluso para sí, como una incógnita sin respuesta....
jueves, 27 de marzo de 2014
caminantes
Estaban ahí,
estaban?. Ellas caminaban, presentificaba un tiempo y un lugar físico pero
podría ser cualquier punto en el tiempo, que puede repetirse, en cualquier
momento, de cualquier forma, solo basta ese segundo compartido, ese silencio que
las sumerge en lo etéreo de las conexiones energéticas, en la nada que somos en
continuo movimiento, en el equilibrio de su sintonía y la paz de charlas con
sus esencias.
De verdad
existen? De verdad trascienden? Ellas caminan. Caminan por la vida descubriendo
lo mucho que la aman, descubriéndose, aprendiendo a crecer y a construir
mejores versiones de si mismas. Se abrazan al cambio, no se quedan quietas. Aprenden
algo de todo lo que les llega. Como dementores de tiempos modernos, solo se
quedan con aquello que brinda cosas nuevas a sus vidas, “chupan” eso que les
sirve para crecer, descartan lo que las estanca, lo que las ahoga.
Mira sus
sonrisas, escucha sus silencios y bailá su música.
martes, 25 de marzo de 2014
alma de bar
Me senté en el
bar casi vacío. A pesar de que no había nadie y podía elegir la mesa que más me
gustara seguí derecho hasta el fondo, hasta ese micro patio que conocía casi de
memoria. El romanticismo pelotudo de los lugares conocidos, de poder sentir el
aire otoñal de una noche casi perfecta, de poder ver las estrellas y lo que
quedaba e esa luna menguante que me hacía acordar al yo que era para vos (si,
así de rebuscado, la luna me recordaba la imagen mía que tenías y de la que en
algún punto me había apropiado hasta hacerla casi un emblema).
Me senté en
silencio, prendí un cigarrillo de ese atado que acababa de comprar (mi vida
podría ser una oda a los nuevos vicios). Sonaba despacito Bob Dylan y no podía
evitar un dejo de melancolía. “No te cuesta sentir melancolía - me dirías - te
la inventas cuando te aburrís” y bueno, sí, puede que tengas razón.
Nobody feels any pain
Tonight as I stand inside the rain
Everybody knows
That Baby’s got new clothes
But lately I see her ribbons and her bows
Have fallen from her curls.
She takes just like a woman, yes, she does
She makes love just like a woman, yes, she does
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl.
Tonight as I stand inside the rain
Everybody knows
That Baby’s got new clothes
But lately I see her ribbons and her bows
Have fallen from her curls.
She takes just like a woman, yes, she does
She makes love just like a woman, yes, she does
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl.
Me quedé inmóvil, apoyando mi mentón en mi mano, mientras
dejaba de sentir los pies por el frío. Inevitablemente sentí un poco de
nostalgia, pero de un tiempo que sin haber sido nunca presente ya es pasado,
vos ya sabés, yo siempre tuve más de una línea de tiempo. Tenés razón, no me es
difícil sentir nostalgia, por estos días, o alguna vez. Pero ese día pude
sentir la grieta. El relieve del borde de las partes que se separaban. Podía
sentirlo en la piel, en mi cuello, en mi cabeza, pero también muy dentro mío. Y
todo se llenó de astillas. A veces era tan solo una nena, una nena que no sabía
cómo hacerse cargo de sus acciones y sus sentimientos, de sus impulsos y sus
necesidades.
No te asustes, no estoy triste, solo que a veces te extraño,
o no, no sé. No sé si es a vos, a los momentos que compartimos, al tiempo que
dejábamos pasar sabiendo que estábamos ahí. No sé. Sólo sé que llame al flaco
encargado de las mesas y le pedí un Fernet, mientras rogaba que lo preparen “a
lo camionero”, tan fuerte como fuera posible. Mientras trataba de callar esas
ganas de tomarme un whisky en tus clavículas, de comerme todos tus lunares y
esconderme bajo tus sabanas mientras creías encontrar mi alma en el fondo de
mis ojos.
Nunca llegue a enamorarme de vos, no podía, no me generaste
amor nunca (quizás otro día te cuente que “sentía”, porque es incluso más
rebuscado y sombrío que todo esto, más intrincado y oscuro, más complejo, no
exagero si digo que roza lo cínico). Eras otra cosa, un sentimiento sin nombre
pero que tenía como banderas la comodidad, la naturalidad, la cotidianeidad, el
sexo, series, porros y chocolates. Un par de metros arriba del suelo le
devolviste luz a mi cabeza con cosas sencillas, me enseñaste que esta bueno no
ser tan estructurada y te fuiste volviendo parte de mí. Nunca te exigí nada
porque no me hacía falta, nunca hubo un problema porque no era necesario,
estábamos juntos para pasarla bien, para compartir un rato, para ser una distracción
para el otro y divertirnos, sobre todo divertirnos.
Y por esa simpleza que tienen las cosas buenas, lo
prolongamos demasiado. Nunca pude nombrarlo en voz alta, ¿cómo podía entonces
terminarlo? No había nada malo, no había complicaciones ¿Cómo lo cortaba? ¿Cómo
lo ensuciaba? Y eso mismo que era su mejor virtud fue su mayor debilidad, lo
que ensucio todo (paulatinamente), lo que hizo que hoy me siente en este bar
casi vacío y pida un Fernet lo más fuerte posible. Y que brinde a tu salud
porque te extraño y no, pero consiente de que es un recuerdo y que ese es el
lugar que tiene que ocupar. Consciente de que no hay más balcones, hamacas,
desayunos y besos que compartir juntos, sino un buen recuerdo, tu sonrisa y tus
abrazos, y esa confianza compartida de viejos conocidos, de constantes que
sostienen estructuras invisibles, de ese vínculo que desdibuja la palabra
amistad para configurar algo raro pero inevitable.
viernes, 14 de marzo de 2014
there is no lie in his fire
La noche en que
me di cuenta el tamaño del viaje que me estaba comiendo con vos fue tan rara
como toda esa mezcla que me producís cada vez que te veo. Y en la misma acción, sentí que "eso" se quebraba y lentamente empezaba a desaparecer. Porque era más
la mítica, eso tan raro que podía percibirlo, que me vibra en cada átomo, que
algo que se pueda delinear o encerrar con el lenguaje. Básicamente me gusta de
vos eso que no existe. O si pero… ¿trataron de definir alguna vez un misterio? Bueno, así, no se puede, porque el misterio te
cautiva, te obnubila la capacidad de categorizar lo que te pasa, te deja sin
defensas porque no entendés que es eso que estas sintiendo con cada centímetro
del cuerpo, pero que no existe en ninguno, te colisiona el pecho.
Me gusta mirarte,
tu pelo despeinado a propósito, tu bigote/barba incipiente, tu sonrisa.
Como me gusta tu sonrisa. En mi cabeza estás siempre rodeado de alguna especie
de humo (si humo, así te dibuja mi imaginación, pero un humo distinto, de esos
que desdibujan formas fijas para hacerlas etéreas y perfectas en su
indefinición) siempre distante. En esa
distancia incorpórea tenés música propia, distinta, y vibrás, la transmitís con
vos, intrínseca a tu esencia, la bailás...
Y cuando bailás! La puta madre! Cuando bailas sos el dueño absoluto de
lo que quieras, porque tu alma brilla tanto que me enceguece, no puedo verte bailar porque me ahoga la luz, emanas
placer (me supera, me voy de tema, si fuera así de fácil poder decir lo que
siento, no valdría la pena bailarlo).
No te conocía, no se quien sos, en mi cabeza eras tan
brumoso como la copa del cerezo de tu antebrazo, tan indefinible como delimitar
sentirse pleno. No sé si te quiero, si en algún momento te quise, casi podría
decir que me era indiferente… pero me gustaba mirarte, idealizarte, sentir que
eras una proyección mía, que nuestras escencias estaban conectadas en otro
lado, en algún plano, y que me energizabas… Vamos a hablar crudo, cojer con vos
en planos cósmicos que sólo para mi existían, porque ahí podía perderme en ese
ser que era pura energía, que me hacía acabar universos, que me teletransportaba,
me licuaba y me devolvía a la vida terrenal más crecida, más realista, realizada.
Sí, todo eso, sin que nisiquiera sospeches que pasaba por mi cabeza y
vibraba en cada átomo de mi cuerpo.
Pero entonces anoche. Pero entonces una seguidilla de
eventos que llevaron a anoche. Pero entonces yo, dándome cuenta que ese ideal
ya no está, nunca estuvo, pero ahora está menos. Pero entonces yo descubriéndote,
descifrando el misterio, conociendo esas partes de tu vida que no se si quería conocer,
porque me divertía comerme el viaje y “flasharla” con una relación energética,
con una conexión cósmica (ok, pendeja delirante). Nunca nada fue amor, pero era
todo amor, y vos al medio. Y vos sin tener idea que todo esto me efervecía.
Ojo, nunca fue con dolor, nunca no lo disfrute, necesitaba tenerte lejos, super
lejos, para poder construír la historia que yo quería.
Pero entonces ella, como un factor que me hizo darme cuenta
que no me hacías falta. Que en realidad no me importaba, porque todo lo que
sumaba a iluminarte a mí me colmaba más, entonces de qué quejarme. Pero
entonces yo conociéndola a ella, y entendiendo que sí, no podía ser de otra
manera, y yo queriéndola, porque es inevitable hacerlo.
Pero entonces tu tatuaje. Y entonces ese malestar sin
nombre, esa oscuridad que apago todo un ratito para hacer un micro duelo.
Porque tu tatuaje… ahora es una obra de
arte, ahora tiene colores, líneas definidas, ahora es el mejor tatuaje que ví, y
te encanta y es TU tatuaje. Pero entonces yo dándome cuenta sin darme cuenta
que ese tatuaje, el que ya no es, definía lo que yo idealizaba, porque era casi un
espejismo, porque no podía ser corpóreo o temporal, sino que se esfumaba, se
evadía, y en esa nada me hipnotizaba, me aprehendía. Y entonces se fue, entonces
te vi y te conocía, te vi a vos no a eso que yo cree, y me encanto lo que ví,
sos un ser divino… pero doliste, doliste ahí donde duelen las idealizaciones caídas
o las ilusiones rotas. Doliste aunque no esperaba nada de nadie, aunque no me
interesaba. Y con ese dolor dimensione todo, y al final llegue a mi casa y me
reí de mi, me reí de lo divertido que fue. Y también te agradecí, porque de una
manera intrincada fuiste la caja de resonancia que necesitaba para darme cuenta
la capacidad (voy a seguir sin decir necesidad, para eso todavía me falta
vencer muchos escudos personales) que tengo de sentir.
Y creo que si tratara de contar a alguien lo que me pasó esa
noche, la única en la que necesite irme porque me oprimía verte, lo pondría quizás
en palabras como estas. Y terminaría con una frase resumen que borraría todo el
resto, porque es mi mambo, y porque cualquiera prefiere quedarse con un: “o no
sé qué me pasó, pero flashé fuerte, y me divirtió comerme el viaje”.
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