domingo, 21 de diciembre de 2014

Odiaba los balances de fin de año, pero inevitablemente los terminaba haciendo. Poniéndose en perspectiva, pensando cómo empezó y como terminaba, que había pasado al medio, que había aprendido o desaprendido. Pensaba sobre la vida, sobre sí misma, sus relaciones. Salía al balcón y sentía olor a lluvia, pájaros cantando y se veía como en una película. En esa película, se paraba en el balcón de su casa, se prendía un porro y lloraba un poco, porque sentía que estaba entendiendo cosas que antes no entendía, porque sentía. Y eso era raro, sentir, un año en el que la vida le había impactado en el cuerpo, la había casi obligado a golpearse con sus peores monstruos, porque como todo afuera era calmo, porque como todo estaba bien podía dedicarse a ella, verse a ella, charlar y (des)encontrarse consigo misma. Piensa que algunos días retrocedió un poco, la misteriosa fuerza oscura la volvió a agarrar desprevenida y no sabe cómo defenderse porque está adentro suyo, no viene de afuera. Y piensa – estoy en armonía, tengo paz, tengo cierto equilibrio- y la fuerza oscura le dice – buuuu soy la fuerza oscura que nace en tu no-apéndice y que domina tu conciencia, esas rota, rota, por adentro y desde siempre, buuuu-. Y ella llora un poco, y patalea, y siente ese dolor en el pecho  como un golpe seco sobre el esternón pero sin el golpe. Como un ataque de asma pero sin enfermedad. Como un dolor pero sin dolor. Un contraerse los músculos y los huesos y oprimir los órganos vitales que residen en el torso pero infantil. Duele pero como en diferido. 

saber poner fin

Ni rencores, ni ganas insatisfechas, ni palabras no dichas…
Ni caricias amontonadas, ni malos tragos, ni restos de veneno…
Ni fingir indiferencia, ni tener que mantener una falsa dignidad…

Ya no queda nada, no me llevo más que un manojo de recuerdos y la convicción de que ya fue suficiente… 

martes, 9 de diciembre de 2014

Todo en el estaba desordenado
Su pelo
Sus ideas
Su casa
Sus lunares
El desorden de sus lunares
Quizás un mapa estelar de galaxias lejanas
Quizás

Quizás las lunas de saturno

lunes, 20 de octubre de 2014

despedidasamargas

Y entonces agarró sus cosas en silencio, mientras lo miraba dormir como siempre, como nunca, después de no haber podido dormir en toda la noche a pesar de tenerlo al lado. Se levantó y se fue al baño, ¿volvería a verse en ese espejo? Sentía que todo a su alrededor se desmoronaba, todo lo que creía haber construido se apagaba, todo lo entera y en paz que se sentía... pero no podía detenerlo, ya no quería hacer más, ya no tenía ganas de intentarlo. La música sigue, la música siempre sigue.Las cosas que nos pasan son efímeras, avanzan, evolucionan, somos los mismo pero no, y ella, quizás, empezaba a necesitar otra cosa.
No importa que pasó en realidad, no importa cuales fueron los hechos concretos, porque nunca importó. Porque siempre fue un juego de idealización/desidealizaciones en las que tiraba un turno cada uno, y mientras, el otro aprendía a querer las realidades y no las proyecciones. Pero así y todo, real o inventado, mantenían una fantasía, incluso queriéndose a destiempo.
Disociada su cabeza de su corazón para tratar de sentir y no pensar, para callar un rato las ideas y por una vez animarse a eso a lo que sus escudos personales no la dejan, había logrado que pelee contra su miedo a abrirse a alguien, que se anime a entregarle a alguien su vulnerabilidad. No lo sabia, no podía saberlo, a pesar de que siempre lo considero otro ser-erizo, que solo puede querer a distancia. Y quizás se explica así, no? Solo sabía querer de esa manera, pero ella también, y de vez en cuando los erizos se olvidan que demasiada cercanía pincha... y que demasiada distancia congela también.
Mientras se miraba en el espejo de su baño, intentaba tragar el nudo que se le formaba en la garganta, no derramar esas lágrimas, no llorar porque nunca fue parte del trato, eso no tenía que pasar "¿porqué? si solo queríamos pasarla bien…"
Pero solo queremos pasarla bien llevo a una seguidilla de eventos que terminaron con un erizo olvidándose del filo de las espinas… y todo porque adentro suyo creció algo que ocupo todo, sentía, amaba, y el amor te excede, te obnubila, se derrama por todos lados y ocupa cada intersticio de tu vida, el amor no es esa bandera que sostiene las relaciones, es la forma de relacionarse la que sostiene el amor, y cuando ya hay amor, no se vuelve, no se puede…  no se acostumbra a sentir y no lo pude manejar, necesitaba acercarse, quererlo, llenarlo de ella por todos lados, inundarlo. Lo ahogo quizás, lo sabe, y solo generaba más alejamiento, mas retraimiento. Pero no podía, no podía volver a ser un tempano porque le hacía falta, casi a nivel de prioridad, lo quería ver, tocar, necesitaba su sonrisa, necesitaba solo un abrazo. "Me derretiste e hiciste explotar ese color que no te cansaste de enseñarme, es el más energético" pensó … las pasiones son peligrosas armas de doble filo.
Pero tenía que parar, porque entonces ese día se sintió sola durmiendo en su cama, porque se paró frente a un espejo y no sabía quién era, ¿y la sabiduría? Y el raciocinio? ¿Y el ser frío y pensante del que se jactaba ser? Estaba mendigando cariño, estaba puteando contra prioridades que ya conocía y que de repente molestaban. ¿Qué estaba haciendo?
Y entonces entendió, y lloró lágrimas amargas como nunca. Porque fue un aprendizaje nuevo, un poquito de crecimiento, un golpe que hacía falta pero para el que no estaba preparada de forma tan brusca. Lo amaba, de cierta manera rebuscada, complementándose con él sin saber cómo. "Te amo, quizás, sos la persona con la que más comodidad logre en mi vida. Pero no puedo estar con vos, porque me rompiste el corazón, porque hiciste que me convierta en eso que más odio, porque me hiciste mendigar cariño, me hiciste traicionarme a mí misma."  Pero ella sabía que no, que el no había echo nada, que era ella quien se había olvidado de ella misma, y sabe que en el fondo, donde el no tiene miedo de engancharse, de volverse un poquito vulnerable y se anima a querer... en el fondo tampoco quiere eso que es ahora, sabe que sería más cómodo no quererlo tanto, sería más fácil si siguiéramos diciendo "no pasa nada estamos bien" ... queres eso frío, “lunar” dijiste alguna vez, la fantasía sin hacerse realidad. Necesitaban quererse a destiempo, necesitaban no quererse porque esa era la magia, esa era la esencia sin malentendidos, sin peleas, era todo tan bueno porque era irreal.
"Te dejo la llave acá, te dejo mi corazón acá también, acordate que fue tuyo, que siempre lo va a ser en parte, me enseñaste a amar, me enseñaste a ver la vida con amor, me hiciste darme cuenta todo el amor que puedo dar, todo lo que puedo llegar a sentir, gracias. Pero necesito otra cosa, no quiero sumar cosas que no sean constructivas a mi vida, y en este momento no me suma estar así, no me suma llorar, no me suma no poder pensar por afuera, no poder despegarme, necesito recuperarme. A mí, sola. Yo, como siempre. Yo. Solo te estoy diciendo esto porque necesito limpiarme, necesito decir todo eso que no nos dijimos, necesito poner en palabras algo que siempre me quemo solo a mi adentro mío, y vos me vas a mirar y no va a decir nada, porque siempre me miras y no decís nada, y entonces nunca sé que pasa. Pero ya no me divierte, ya no sé si quiero jugar a tratar de romperte cuando yo me desarme contra mi pesar. No te tengo rencores, te entiendo más incluso de lo que vos te entendés, no tengo ganas insatisfechas o quizás sí, la de morderte todos los lunares, la de dibujarte constelaciones en la espalda, las de infinitos cafés escondidos en tu departamento del mundo, creyéndonos inmortales… y ahora tampoco palabras no dichas porque te las dejo todas, aunque no soportes verme llorar, aunque no puedas lidiar con emociones y yo te apabulle con esta especie de ebullición… No hay caricias amontonadas, nos las dimos todas, jugamos a todo lo que quisimos inventar con el otro, ni malos tragos, ni restos de veneno porque jamás existieron, porque con vos siempre todo fueron whiskys y risas, besos y flores. Ni fingir indiferencia, porque sería falso, ni fingir amistad porque a esta altura ya no puedo ser tu amiga, no me interesa. Queda todo y no queda nada. Diciéndote chau, te amo más que nunca, te amo con todas esas letras, con todas las veces que moría por gritártelo y no me animaba porque tenía miedo que te aleje, que te asuste. Te amo tanto, que me olvide cuales eran las características con las que me identifico, que me volví terrenal, que me olvide que hace falta despegarse, no aferrarse, que querer no es poseer, no es aprisionar. Y necesito acordarme, para quererte sin patología, sin llantos, sin exigencias desmedidas y sin pedirte que dejes de ser quien sos, necesito decirte chau para poder volver a ser dos individualidades que caminan juntas pero sin olvidarse que cada una es un camino propio, en realidad, para volver a encontrar mi individualidad, porque nunca la perdiste, porque la estabilidad de tu estructura no falla, jamás, pero yo me olvide un poco de eso, y necesito recordarlo." Hoy necesito volar.



jueves, 10 de julio de 2014

minotauro

Y es que lo que pasa, corazón, es que después de años de estar encerrado en medio del laberinto, acumulando pasiones sin nombre, engrandeciendo ternuras sin dueño, alimentando amor para dar sin propietario... cada vez que alguien llega al centro y lo visita enloquece. Y en su vorágine de amor/destrucción se lo come o se destruye por la emoción. Nadie sabe lidiar con las pasiones.

jueves, 19 de junio de 2014

insomnio

Existe una ciudad, una ciudad de la que nadie sabe el nombre, o quizás nunca lo tuvo, o quizás ya ni importaba. No importaba porque conocer su nombre no era requisito para conocerla o para llegar a ella. Solo unos pocos conocen la ciudad de la que hablo, su apariencia, sus calles; y aún incluso los asiduos visitantes no podrían explicar por qué caminos, siguiendo cuales rutas.
En esa ciudad nunca es de día, la noche eternizada, la luz de la luna como único satélite en el cielo. Es la ciudad de Los Que No Duermen.
Pero no Los Que No Duermen como actividad de dormir, de recostarse, de cerrar los ojos, de contar ovejas, de poner el cuerpo a descansar (en lo posible) en posición horizontal. Hablo de todos los que cierran sus ojos en el silencio de sus habitaciones para seguir pensando y sintiendo, para despertarse en algún ese otro lado sin pausa en su cabeza.
Los pocos que recuerdan algo de sus viajes al raro lugar, la describen con palabras embrolladas, como intentando desenredar una maraña de hilos, de calles, de nombres, de caminos sin fin, avenidas, autopistas, costaneras. Cada uno camina sin cesar por ellas, subiendo bajando, volviendo, nunca recorriendo dos veces el mismo lugar. Hay música en cada uno y se ve avanzar cuerpos meciéndose a ritmos distintos.
Siempre es de noche, pero esas noches de verano en donde las estrellas brillan con más fuerza y corre un vientito que refresca los corazones. 

Nadie habla con nadie, todos bailan caminando, todos caminan. Pero hay  un detalle… las miradas furtivas entre los caminantes dejan sus huellas, y de repente en una calle cualquiera durante el día cotidiano se chocan con un completo extraño, y lo reconocen, y sus encuentros los hacen temblar.

sábado, 7 de junio de 2014

1

Milo tiene los rulos despeinados, la sonrisa franca, los ojos inocentes. Milo te mira y confias en el, queres abrazarlo y decirle que se cuide, que no sea tan ingenuo, que la vida no trata solo de correr luciérnagas en noches de verano, o volar barriletes en tardes de otoño. Milo a veces necesita que lo sacudan y le muestren que la realidad no va solo de besos y porros.
No fue un error conocerlo, pero éramos dos seres humanos que creían en ideales distintos, que sintieron en tiempos distintos sin posibilidad de reencuentro. Algo lejano y trascendente nos une. Compartimos todo lo que nos permiten nuestras diferencias.
Milo…
Milo apoya la punta de su lengua en mi espalda baja, y me estremece. La piel se me pone de gallina, hasta la última conexión nerviosa se enciende. Aprendió rincones de mi cuerpo con el tiempo, y sabe dónde tocar para embargarme. Sube despacio y se come mi cuello, me vuelvo vulnerable. Sonríe, con esa sonrisa de quien e cree ganador de un tesoro, y aprisiona en su pupila hasta el último gramo de alma que se escapa por mis poros.

Milo es tan nene chiquito unas veces, pero entonces me hace acordar que no, que el también construye fachadas, que él también es un disfraz detrás del cual…

heladas

Le gustaba sentirse etérea. Y entonces descolgaba su sonrisa y dejaba que el frío viento de invierno la cale hasta los huesos,  formaba un copo de hielo más brillante que cualquier diamante y lo guardaba en su corazón, para enfriar todo e inundarse de blancos. Agarraba con las dos manos su taza de té y sentía el olor a rosa mosqueta entrar por sus pulmones, impregnarle el alma. Sonreía y se olvidaba.
A veces quería vivir de humos de colores, de aires puros matutinos, de aires limpios de ocasos otoñales. Le gustaban los colores fríos, los días de sol helados, los buzos largos y los abrazos caricia.
No sabía estar en un lugar ni detenerse a pensar en un tiempo, se olvidaba de aferrarse al piso y se metía para adentro.  Estaba llena de lugares desolados, minimalismo.
Lleno una botella de agua, prendió una vela y el olor a cítricos invadió todo. Subió el volumen y se dejó, un solo de saxo la envolvió y se la llevó, se le congelaron un poquito las pestañas antes de darse cuenta que el frío se le estaba escapando para afuera.

Abrió los ojos despacito, derramando una catarata de destellos y en la luz tenue del sol del otoño de las cinco de la tarde lanzo una carcajada.

miércoles, 4 de junio de 2014

de esos que mientras duran son eternos

No tenía ninguna magia ni historia disparatada. Era un poco de cotidianeidad que se confundió por un exceso y mitad en joda mitad enserio se animaron a flashar. El vivía donde siempre, trabajaba en el negocio de la familia o se drogaba, sus dos actividades diarias. Ella era amiga de una amiga de una amiga, o algo así; demasiado aburrida de la nada, de constantes que no tenían conflictos buscaba enquilombar su vida con un motivo sin motivos. Se conocieron en una salida de esas que terminan a la mañana con los tacos en la mano, la ropa y el pelo de la noche anterior pero como si los hubiera atacado un huracán, y el delineador corrido. Decidieron pasarla bien sin preguntarse demasiado, y era lógico, después de eso ella se iba a subir a un avión para irse a vivir del otro lado del mundo. Perfecto. "Es lo que busco", "yo también", sonrisa y beso intenso. No mucho más que eso. Al menos durante la primera semana. 
La segunda semana fue la de "qué rico olor que tenés". Y "qué rico olor que tenés" viene acompañado siempre de esa cosa en la panza, de los besos en puntos estratégicos del cuello, esa sonrisa mientras me abraza así no ve que estoy sonriendo, desayunarse mientras el agua del te hierve en la pava que silba rítmicamente. No tengo ganas de irme, y bueno, no te vayas, y así durante un par de días.
Una semana después ya salieron de la cueva, fueron a comer y a patinar, querían tener anécdotas, ir al cine, tomar helados, chistes y carreras, volver tan ebrios de algún bar bailando en cada semáforo que encuentren y con tantos perros callejeros como haya en el camino. También empezaron a mirarse en silencio y a cortar el momento incómodo con un beso para no decir esas palabras, porque la estamos pasando bien, ¿no? Vos ya te vas, disfrutemos de lo que queda. Obvio, sí, es la idea, vení, vamos a tocar la guitarra un poquito.
Para completar la idea de historia cliché es necesario mencionar la música. La droga. El whisky. Noches de generar recuerdos que después iban a doler, o a extrañar… básicamente. Porque el recuerdo de las noches de droga, vino y música es mucho más entretenido que las noches de droga, vino y música. 
Demás está decir que miraron películas geniales y buscaron la banda sonora y se descargaron los discos y no pudieron creer lo buena que está esta banda, cómo no la descubrimos antes. Y que cenaron y no te puedo creer! Tampoco le pongo azúcar al café.
Y a la cuarta semana se querían morir. Obvio. 
El baldazo de agua fría los sacó de la película y los devolvió a la vida real en esos quince minutos de despedida antes de que ella se fuera al aeropuerto, sola, en taxi, porque el tenia que laburar y ya no podía faltar mas.
Ella estrena vida en el primer mundo, pateando calles y haciendo lo que ama, él se separo del viejo y abrió un localcito solo. Se hablan casi todos los días, pero con el tiempo se van espaciando las conversaciones. Dejan de saludarse por el cumpleaños y no se revisan más las fotos. La música sigue. La música siempre sigue.
En una realidad paralela están juntos y felices, porque resulta que sí, iban a ser felices. Pero en la realidad de acá no hay mucho espacio para esas cursilerías y a nadie le importa lo que podría haber sido, nena, seguí moviéndote que entorpeces el tránsito


domingo, 25 de mayo de 2014

un poco de nada y de todo

Ah Renata, vendedora de palabras que viaja por la vida abrigada con sonrisas, nómade, amiga del viento, atado al pasado, al porvenir, siempre en todos lados, nunca por aquí. Le llené de piedras los bolsillos, y por algún tiempo funcionó, se quedó en la tierra, empezó a respirar de a poquito en el hoy, en las realidades de vida cotidiana, de rutinas y cosas pautadas.
No sé cómo ni cuándo ni dónde la conocí, eras la prima de un amigo del vecino del kiosquero de una tía, del destino que nos quiso unir.
Nunca empezó, aún no se si acabó, es difícil saberlo, nos hablábamos en un mundo paralelo, donde ella me transportaba, sin cerrar los ojos, sin levantarnos de la cama. Le contaba del cielo y las estrellas, formulas y teorías de física, guerras mundiales y socialismo. Ella charlaba de sus amores, desgracias y promesas, Freud, Lacan, José Ingenieros, Harry Potter, las uñas, el pelo. Y así como así, quemábamos sedas, creábamos humos de colores y nos acabábamos la bolsa de caramelos con el mismo entusiasmo, nos desayunábamos con esa gracia infinita, moviendo las manos, sonriendo, poniéndonos a prueba, retándonos a duelo. Un cable a tierra que irónicamente en vez de vaciarme me llenaba.
Algo tenía que me atravesaba, mirarla desnuda peinarse frente al espejo, paseándose con mi camisa desabotonada, quejándose de su facultad, su familia, del frío, del calor, del ruido, de mí, de ella, de vos, de yo.
Cómo nos queríamos, cómo la quiero. Nos mirábamos con una sagacidad animal, éramos pura piel, en una confianza que no sabría explicar, y su alegría, sus besos, esa manía de abrazarme por la espalda, de jugar con mis lunares, de mirarme dormir sin hacer nada, esas constantes ganas de quedarnos tirados, pero juntos. No jugábamos a la rayuela, no había ningún cielo que alcanzar. No perseguíamos un objetivo ni nos hacíamos planteos, si nos caíamos nos reíamos del tropezón y a lo supo nos raspábamos las rodillas pero nada más.


Renata es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber, es a veces tan retorcida que hay cosas de ella que prefiero no conocer A veces siento que no puede, no por mala sino porque no sabe entregarse del todo, mostrarse transparente, enseñar sus fantasmas, pero entonces solo puede  dejarse ir, y así vive de acuerdo a lo que piensa y siente en ese momento, sin hacer reflexiones o cuestionarse implicaciones futuras.
Nos abrazamos por última vez, y mientras veía cerrarse el ascensor con ella adentro, chueca y despeinada… no pensé en nada, intentaba no atarme tampoco, lo curioso es que con el tiempo necesite curitas, la caída me dolió más de lo esperado, el raspón entre nostalgias de noches largas comenzaba a crecer.
Que hermosa estaba Renata esa noche, si tan solo sus ojos fueran claros como su piel, si tan solo su alma no entrañara el laberinto de espejos que la hace chocarse una y otra vez.

No podría decirte que le pasó, que cosas se le cruzaban por la mente mientras intentaba convencerla de que no hacía falta que le pongamos un nombre o que le busquemos una explicación a esto que pasaba. Yo creo que la amaba, en dos semanas había llegado a morderme la lengua para evitar decirle “te quiero” y estrujarla en un abrazo que la pegue a mí para siempre, para comérmela, introyectarla, que sea parte mía.

Renata era, es, tan contradictoria, me hablaba del futuro, de viajes, de lugares que quería que conozcamos juntos, de películas que quería que vayamos a ver, me hablaba de nombres y número de hijos, de muebles y plantas que quería tener. Me agarraba la mano, qué chiquitas eran, haciéndome las preguntas más extrañas, y yo le pedía opciones para responder A, B, C, no quería decirle algo que no quisiera escuchar, necesitaba que me sonría, que cuelgue sus ojos de los míos y me aprisione con ella. Renata había encendido el tendido eléctrico de mi cuerpo, me había partido como un rayo en medio de la tormenta más prolongada de mi vida, y no me había dado lugar a elegir. Renata estaba dentro mío, desde el primer momento en que me pidió que le convide un cigarrillo y que la acompañe a su casa porque no quería caminar sola; tenía la mirada perdida y el delineador corrido, la miré y a ella le costó establecer contacto, rehusaba mirarme a los ojos… pero cuando lo hizo, supe que dejarla sería más difícil que convivir con sus mambos. ¿Entendés? Me volvió loco, esquema que se le cruzó fue torre que cayó, yo iniciaba la cuenta regresiva, ella ya quería irse, y entonces le compraba medialunas, hacíamos leche con chocolate, y le robaba minutos silenciosamente, para mirar su sonrisa un rato más, para sentir la brisa que abanicaban sus pestañas al parpadear.

Entre flores, chocolates y sabanas cómplices, quiso terminar. Yo ya tenía presupuesto de los viajes, el mapa de los ríos que quería conocer, había leído su libro favorito y sabía que elegía chupetines verdes, pero Renata dibujando mandalas en el sillón de su casa, un día no se cuando, me miro con esos ojos árabes, complejos, y frunciendo la nariz, me dijo que debía alejarse.

No me dio motivos, cancelé cualquier intento por reconquistarla, le puse paños fríos a la psicología inversa y me redimí a sus pedidos, como siempre, que se yo, jamás podría haberle negado nada y ahora era igual, Renata hacé la tuya, quizás logre hacer la mía también.



Me puse los guantes, enrollé la bufanda alrededor de mi garganta anudada y aguantándome ese dolor inasimilable en el pecho salí rumbo a ningún lado, ah no, miento, iba al cine, pero en verdad no me acuerdo si la película fue muda, o era yo quien no quería escuchar.

viernes, 23 de mayo de 2014

compulsión a la repetición

Mientras avanzamos en el día a día vamos probando oportunidades, viendo de que manera ajustando las variables podemos llegar a resultados que necesitamos o lo más cercano a ellas que nos salga. Pocas son las veces que tenemos una certeza y una seguridad “másalládetodo”, que nos permita hacer y deshacer sin preocupación, desenvolvernos como nos venga en gana porque sabeos que el quid en cuestión esta fuera de discusión, que pase lo que pase, va a ser…
Amprados por la insensatez y la seguridad imperceptible pero ya constante invariable, fijada. Esa certeza deja de ser variante y se convierte en el no-proceso que permite devenir todo el resto de las dinámicas diarias. Pero en esa clase de certeza es donde la crueldad encuentra su primer bastión. Voy, vengo, hago, omito, te quiero, te olvido, te pido, te obligo. No nos importa, efectuamos sin moderación. Porque hagamos lo que hagamos lo damos por hecho, es el encuadre.
A veces creo que ellos dos se manejan de esa manera, van por la vida creyéndose destinados, valiéndose de cuanta arma de destrucción masiva tengan a su alcance para demostrarse cuan fuertes son, como si alguno se percatara. No me queda duda, son indestructibles. Pero, ¿A qué precio?
Durante un tiempo se alejan, llevan vidas separadas, sin puentes. Desayunan sin sorpresa, duermen en camas anónimas, a veces se extrañan, pero nunca confiesan. Conocen personas nuevas, bailan músicas ajenas. Intentan. De verdad desean. Quebrar la conexión, deshacer la certeza. Ser lanzados al viento. Nunca más intercambiar miradas. Ser sanos. Ser plenos.
Para cuando logran aquella estabilidad, el Sol se alinea con la Tierra. Hay temblores cuando se encuentran. Los caminos complotan, crean roces, y como un embudo, no les deja pelea. Caen juntos. Creen juntos. Por una milésima, se encuentran.

Y ahí va de nuevo, es la certeza. Efecto rebote. Aunque no lo quieran, cada vez más fuerte los golpea. Ahora se alejan, otra vez las huelgas. Son islas. Son planetas. La próxima será un minuto. Es probable que desaparezcan.

lunes, 19 de mayo de 2014

detormentaseléctricas

Una vorágine de cosas destructivas, de negaciones, de pedazos escindidos de mundo, de ausencias sin nombres, de acciones sin dueño, de recurrencias que asustan, que son ominosas.
De reconocer la falta, de querer llenarla y no encontrar qué es lo que se perdió. Qué búsqueda se empieza sin saber qué es lo que se busca, sin saber que o cuando se perdió, desde cuando falta.

Una voluntad que falla, que se quiebra, que no aguanta su propio peso, un enemigo escondido arriba de los hombros, del otro lado del espejo, atrás de los párpados. 
Un nudo que no es nudo, que no es más que un pequeño embrollo, un enredo. Pero que esta ahí, y se retroalimenta. Y es tan ínfimo que es fácil barrerlo disimuladamente, esconderlo debajo de la alfombra: no es más que suciedad. O abrir la ventana y esperar que corra el viento y se lo lleve: es sólo arena. Pero conoce el camino de vuelta y siempre vuelve (un poco más sucio, un poco más fuerte). Y una espera paciente, y dedos torpes a propósito, y alimentar el nudo disimuladamente. 
Una batalla constante entre vos y vos, un potencial autodestructivo inconmensurable. 
Una carrera bajo la lluvia, un rayo que quiebra la noche y quiebra su cabeza, sus escudos inventados, sus mecanismos de defensa contra sí misma. 
Se estremece, se sacude, parece que no va a acabar nunca.
Y entonces lluvia, efecto purgante, limpiame el alma, casi suplica. 
Caminando en bajada, retornando a su centro. Se ve en una vidriera reflejada, se sonríe. Y ya pasó...
"Sos la mina más zarpada que conozco, y por eso la más peligrosa. Cuidate, querete, sos lo único que tiene el potencial necesario para destruirte". 

domingo, 18 de mayo de 2014

cielosblancos

Yo creo que la misantropía esta menospreciada, no saben apreciar lo sublime de la soledad, de escuchar un álbum con una taza humeante de  te y envuelto en un plumón. No saben lo que se pierden, y solo por eso les quiero enseñar cómo ser un ser-sensible, y adoptar la melancolía como estilo.
 Para ser un ser-sensible debe usted despertarse a las 6 de la mañana y quedarse media hora observando el mundo dibujado en el patrón de una mota de polvo, mientras piensa en otoños naranjas, barbas y lunares. Prenda una vela con esencia de vainilla coco y almendra, y proceda a tomar un baño de inmersión con burbujas, y, de no ser posible disfrute su estancia bajo la ducha caliente, afloje el cuello, abrácese fuerte y enjabónese con las manos. . Luego del baño, deberá mirarse al espejo desnudo y repetir la palabra “ser-sensible” cinco veces mirándose los ojos, estaría bastante bien si de fondo suena, por ejemplo, Belle and Sebastian. Si aquí deja caer una lágrima, mejor.
No se confunda, no es tristeza, y cuídese de no desarrollar ese sentimiento, podría ser nocivo, mantenga siempre una melancolía con colores pastel y gusto a mascarpone.
Lea (siempre utilizando anteojos) cualquier libro que no esté considerado best-seller, o mejor, cualquier libro que encuentre significativo para usted, no importa si es un cuento infantil, una novela feminista antiimperialista o una tesis sobre tiempo/espacio. Léalo con un lápiz en la mano, subrayando todo lo que le parezca apropiado, encontrándose en letras de otros y desvirtuando el libro a su favor, de verdad, a nadie más que a usted le importa.
Prepárese un te cada vez que quiera, y juegue a encontrarle formas al humo mientras espera que se enfría. Elija sabores que le abriguen el alma, disfrute comprándolos y buscando combinaciones que le endulcen el paladar.
Si, de repente, cuando asoma a la ventana es un día de cielo blanco y frío, sabrá que el universo va paralelo a su alma, o si caen un par de gotas de lluvia puede aprovechar  para llorar un poco porque así, el universo y usted van en una misma dirección. Cuando llore mientras llueve, intente dibujarse en la imagen de película. En la película llora de emoción bajo la lluvia, porque siente que ahora está entendiendo cosas de la vida que antes no sabía. Y ahora crease que de verdad está pasando, y es usted cada vez más grande más sensible y más humano.
Si encuentra por ahí otro ser-sensible y deciden empezar a compartir su tiempo juntos, asegúrese que aprendan a compartir silencios y miradas, a ir con la menor cantidad de ropa posible para tener el alma liviana. Se aconseja que los momentos de amor entre ambos no duren menos de 3 horas y se den por la madrugada o al amanecer. Y durante el resto del tiempo, aprendan a acompañarse estratégicamente sin intervenir en la soledad del otro, sin alterar su sensibilidad. De lo contrario, puede que usted tenga la sensación de que le faltó “algo”, que no sabe qué es (si esto llegara a ocurrir, no intente buscar ese “algo”, no lo encontrará jamás y conocerá la frustración sentimiento poco aconsejable); o podrá desarrollar esa toxica emoción que llaman egoísmo y pertenencia (no intente encarcelar otro ser-sensible, estaría manchando con lo terrenal algo puro y ensuciando su estado de ánimo al divino botón).
De vez en cuando abrácelo tan fuerte, que va a pensar que se está despidiendo, pero no. Va a ser todo lo contrario. De vez en cuando abrácelo tan fuerte que vuelva a encontrarlo, que redescubra el espacio entre su hombro y su cuello, y embriáguese de su perfume, y recórralo de nuevo como si nunca lo hubiese visto.
Para ser un ser-sensible hace falta que consuma mucho líquido y que se anime a soltar un par de lágrimas. Cuando este contento llore, cuando este triste también llore. Llore sobre todo de impotencia, o llore porque le parece injusto. Llore si le dicen algo feo y cuando le digan algo lindo, llore. Llore por las cosas feas de los días anteriores y por las cosas lindas derrame lágrimas más gordas, pero menos saladas. No se olvide de llorar cuando lo crea necesario, y así con los ojos cristalinos y limpitos mire el mundo y estalle en una carcajada hasta que se le llenen los ojos de lágrimas.
Las palabras más apropiadas para un ser-sensible son: analógico, mágico, blanco, negro, luz, sombra, pureza y camino. No se abuse: utilícelas sólo cuando sienta que son necesarias e irremplazables.

Por último, intente dormirse llorando. Puede usted hacerlo pensando en cosas nostálgicas y/o melancólicas. Pincharse el brazo, o pegarse la rodilla contra una pared. Y que después de ese llanto, venga una sonrisa limpita, habiendo sacado todo lo que molesto su ser-sensible durante el día se puede dormir en paz. 





sábado, 17 de mayo de 2014

123

Lo único que nos distingue y nos hace únicos es nuestra capacidad de volar. Pero tenemos que tener cuidado, no cualquiera puede enterarse, se deslizan muy fácil los títulos de loco. Por eso nos escondemos, entramos a locales comerciales sin nombre solo para levitar un ratito dentro de algún cambiador, o elegimos calles super pobladas para ir así flotando entre la gente, que se mueven tan atareados y ofuscados con su vida rutinaria, que no presta atención a los 3 cm que nos separan del suelo. Vamos tarareando una canción, y en esa parte que nos gusta nos elevamos un poco más y nos reímos bajito.
Si hoy me  peino los rulos voy a ser más liviana, van a rebotar enmarcándome la cara, muy redonda quizás, quizás ni me importa. Voy a sonreírle al espejo,  y voy a salir volando, no por la ventana porque sería estirar demasiado  el don. Aprendimos a volar pero nuestro cuerpo recién lo está asimilando, todavía está en proceso de aprender que despegarse es más fácil de lo que parece, que fluir no cuesta tanto, y va haciéndose amigo del aire, pero de a poquito. Entonces hace falta que use el ascensor.
Y voy a salir a la calle, y voy a pensar que a veces me bloqueo, me voy a dar cuenta que pienso boludeces a veces, que me oscurezco sola, y que me gusta esa melancolía con sabor amargo, que la busco. Y bueno, no se ser de otra manera pero no me molesta, a pesar de todo. Igual ahora ya no, ahora iba con el aire, caminando, tarareando, y me olvide que no tenía que flotar si vos me mirabas, porque tenía que pasar desapercibida, o quizás también lo estaba buscando.
Entonces cruzaste y me agarraste la mano. –Te vi! Me dijiste, y se me dibujo una sonrisa redonda, me atrapaste in fraganti, y como no se quien sos te voy a proponer que camines conmigo, y te voy a enseñar un poquito a volar, pero solo un poquito, porque no puedo hacer más que darte lineamientos generales. No es tan difícil.
Primero tenes que pensar que todo lo que quieras va a pasar, no sé si eso es bueno o malo pero funciona así. Pensá que de ahora en adelante vas a conseguir todo lo que te propongas, mira hagamos una prueba. Yo quiero un chupetín, así que paramos en un kiosco y lo compro, sin pensarlo dos veces, también se me ocurre llamar a mi mamá, a veces no la soporto pero quiero decirle que la quiero, ves, la llamo y me llega su sonrisa con sabor a mate amargo y tostadas con miel.
  
Vos no lo podes creer todavía y yo te entiendo, pero es así de fácil. Antes también me pasaba algo parecido a eso que veo en tus ojos. Te saqué de ese sopor así que ahora aunque sea por un rato seguime la corriente. Yo ya te diagnostique, te leí muy fácil, y sé que funcionas en neutro. El balance de tu vida hoy da algo neutro, incoloro, que no te llena pero tampoco te pesa. Neutro. Eso siempre te sirvió. Siempre preferiste la nada antes que cualquier cosa que no te convenciese del todo. Elegís, tomas decisiones, pero tendés a la nada. La nada está ahí. Hablas, esbozas planes, y todas tus palabras tienen igual el acento de la nada. La nada es tu idioma original, tu lengua materna, y estas aprendiendo a cubrirla  con palabras ajenas. Yo también hablaba en neutro, por eso conozco el acento, pero ves que casi ni se me nota ya, solo a veces, cuando dejo que hable en mi lugar. Pero ahí ya es elección.

Y no me conoces, y yo te estoy diciendo muchas cosas, porque siempre digo muchas cosas, porque me lleno la boca de palabras, porque digo palabras complejas y vomito cantidades siderales de palabras, y capaz te estoy queriendo decir algo tan simple como que vuelvas a creer, y que le pongas más alma a tu vida, quizás solo estoy dando vueltas y más vueltas, casi hasta mareándome sola para decirte algo tan sencillo. Capaz solo porque quería que camines un par de cuadra conmigo, para darte tiempo a que desempolves tu fuego y reavives ese humito que tenes en el corazón, el tiempo suficiente para que no te parezca tan simple lo que quiero decirte, porque no valoras las cosas simples y eso es todo lo que te falta, no dejar que la vida se vuelva común, no dejes de querer la vida.

Y bueno, ahora voy a doblar en esta esquina y me voy a ir. Antes paremos en este local ves que tiene un zócalo alto, voy a volar un ratito, así para que veas que se puede, y después me voy a ir. Si algún día te vuelvo a ver, espero verte flotando, y escuchando música que tararees y riéndote como loco porque nadie más que yo sabe que también sabes levitar.  Y ahora te robo un beso, y me voy, y si querés te podes acordar de mi como la chica que me empujo a que sea distinto, o no, vos decidís. 

misántrop

Permitidme entonces el siguiente consejo:  allí donde te encuentres en compañía, cultiva el hábito de llevar contigo parte de tu soledad, de aprender, en alguna medida, a estar solo aún en medio de los otros; de no decir sin más lo que estés pensando, y tampoco de tomar demasiado en serio lo que otros digan; es preferible no esperar gran cosa de los otros, ni en lo moral ni en lo intelectual, practicando siempre una suerte de indiferencia por las opiniones ajenas, que es la mejor forma de ejercitar una sana tolerancia. Si haces esto, no llegarás a vivir simplemente como los otros sino que te moverás entre ellos estableciendo una relación de carácter puramente objetivo. Estas precauciones te apartarán de un contacto demasiado íntimo y contaminante con la sociedad, y te protegerán, incluso, del fastidio y la ofuscación.
Arthur Schopenhauer, Aphorismen zur Lebensweisheit

viernes, 16 de mayo de 2014

elultimoescudo

No pretendas saber que pasa acá dentro, no te invite a que conozcas mi cabeza, no pretendas conocerme más allá de lo que planeo mostrarte. Mirá, pega la oreja, como si quisieras escuchar a través de una puerta. ¿Ves que no suena?, no vas a escuchar el bombardeo constante de ideas/contra idea/contra contra idea que me sacude, y vas a tener que conformarte con que ese es un escudo insalvable, el único, porque no se ponerlo en palabras. Porque no puedo ponerlo en palabras.
¿Quién viene a llenar y recoger esos espacios vacíos? ¿Qué se dice cuando no se dice? Quien no nombra, no aprisiona, no categoriza, deja abierto al ser, la cosa termina matando a la cosa porque pierde, en el intento de encontrarle un lugar en una tipología, su singularidad, no la recortes, no digas esas palabras, no duelas, no todavía. 
Me pedís que trate de explicar  un sentir, queres saber que pasa por mi cabeza. No desconciertes el final del camino. Escucha  con la mirada o pega la vuelta. Dale rienda suelta a lo que quieras pensar, porque de todas maneras es más real que lo que sea que pueda contarte.  Porque no aprendí a apresar cantidades de energías con palabras, y a la vez ¿Cómo cruzar de una palabra a otra? ¿Cómo no caer en el charco de agua que hay entre tanta palabra junta?
No soy mala, no se ser de otra manera. No te voy a abrir mi cabeza, no te voy a contar que me pasa, te voy a regalar una sonrisa, los dedos llenos de caramelos, una invitación a colgarte en mis pestañas, si queres, pero no pretendas pasar una barrera que no está en negociación.
Y de repente, como todo lo que corresponde a mí ser... me voy a levantar e irme. Pensalo en mas allá, pensalo libre, pensalo esencia pura. Déjalo (me) ser, fluido, así lo leo, me olvido del entorno, me olvido que existe el tiempo, ¿existe? se deforma, se elastiza, se hace tan eterno como breve.
no me mires, no de esa manera. No me hagas más preguntas, no quieras imaginar más respuestas, después de todo, yo no existo, es tu cabeza la que me construye, tu filtro lo que me estructura, y ese es tu real.  Lo real que se escapa, no queda apresado en palabras que no sirven para comunicar. Así como vos no existís, no sos real ante el mundo como en mi vida, son seres diferentes.

Necesito que me dejes este derecho a duda, derecho a incógnito, permiso de ideal. Esto soy, en esto creo, déjame mantener mis escudos y mis ruinas escondidas. Yo también quiero saber si te puedo sentir concreto en cada rincón de mí ser. Quiero entender tus pensamientos, tu sentir…pero a la vez necesito que  seas ese secreto, esa duda imposible de descubrir que me lleva a un frenesí difícil de detener, que me invita a redescubrirte cada día y te hace tan único e inigualable para mí.

extasis

Un torbellino de colores, y de repente, él siendo eso. Dos nadas, descorporizadas, energía en movimiento, un cortocircuito y una descarga masiva, absoluta. ..cuando exploto en placer, cuando el goce se abrió paso e hizo caer cualquier escudo, cuando el no-contacto constante, se quebró. Cuando todo era energía, cuando solo había unidad de los sentidos, sentir pensar hacer ver escuchar armónicamente integrados, o ninguno, suspendidos en explosión. 

martes, 29 de abril de 2014

chica agujero negro

Tiene terror al derrumbe de sus fachadas, de las paredes que ha construido a su alrededor para protegerse de un mundo que le resulta extraño, de un mundo que muchas veces le parece un mundo a oscuras, un mundo brumoso en el que los perfiles perdieron especificidad, donde la fragmentación prevalece, donde se alternan idealizaciones y caras sin rostro...  Pero a la vez presiente que el temido y esperado desmoronamiento futuro ha tenido lugar en el pasado, sin haber encontrado un lugar psíquico donde caer, no ha quedado registrado en ningún lado, pero grita desde las profundidades de su cabeza, reclama el dominio de su alma. Sonríe, con esa sonrisa de quien conoce su falta y acepta su lado oscuro... sabe que adentro hay algo que esta roto, desde siempre, pero que nunca va a poder categorizar. Si sale de aventura en su mente llega un punto en el que entra por una puerta en ruinas, con fallas estructurales y funcionales. Sus marcas, sus bisagras rotas son las de los vínculos fracasados. Lo intenta, pero es en vano, no comprende las relaciones humanas, no puede entender la cercanía, la intimidad le genera desconfianza y la hace sentir vulnerable.
Camina escuchando música, aislándose, colgando su alma de las nubes. Si pudiera bailar mientras camina... ¿definirla? es como tratar de embotellar el aire, sabes que podes hacerlo pero, realmente está ahí? realmente el aire queda en la botella? Es un misterio inconcluso, incluso para sí, como una incógnita sin respuesta....


jueves, 27 de marzo de 2014

caminantes

Estaban ahí, estaban?. Ellas caminaban, presentificaba un tiempo y un lugar físico pero podría ser cualquier punto en el tiempo, que puede repetirse, en cualquier momento, de cualquier forma, solo basta ese segundo compartido, ese silencio que las sumerge en lo etéreo de las conexiones energéticas, en la nada que somos en continuo movimiento, en el equilibrio de su sintonía y la paz de charlas con sus esencias.
De verdad existen? De verdad trascienden? Ellas caminan. Caminan por la vida descubriendo lo mucho que la aman, descubriéndose, aprendiendo a crecer y a construir mejores versiones de si mismas. Se abrazan al cambio, no se quedan quietas. Aprenden algo de todo lo que les llega. Como dementores de tiempos modernos, solo se quedan con aquello que brinda cosas nuevas a sus vidas, “chupan” eso que les sirve para crecer, descartan lo que las estanca, lo que las ahoga.

Mira sus sonrisas, escucha sus silencios y bailá su música. 

martes, 25 de marzo de 2014

alma de bar

Me senté en el bar casi vacío. A pesar de que no había nadie y podía elegir la mesa que más me gustara seguí derecho hasta el fondo, hasta ese micro patio que conocía casi de memoria. El romanticismo pelotudo de los lugares conocidos, de poder sentir el aire otoñal de una noche casi perfecta, de poder ver las estrellas y lo que quedaba e esa luna menguante que me hacía acordar al yo que era para vos (si, así de rebuscado, la luna me recordaba la imagen mía que tenías y de la que en algún punto me había apropiado hasta hacerla casi un emblema).
Me senté en silencio, prendí un cigarrillo de ese atado que acababa de comprar (mi vida podría ser una oda a los nuevos vicios). Sonaba despacito Bob Dylan y no podía evitar un dejo de melancolía. “No te cuesta sentir melancolía - me dirías - te la inventas cuando te aburrís” y bueno, sí, puede que tengas razón.

Nobody feels any pain
Tonight as I stand inside the rain
Everybody knows
That Baby’s got new clothes
But lately I see her ribbons and her bows
Have fallen from her curls.
She takes just like a woman, yes, she does
She makes love just like a woman, yes, she does
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl.


Me quedé inmóvil, apoyando mi mentón en mi mano, mientras dejaba de sentir los pies por el frío. Inevitablemente sentí un poco de nostalgia, pero de un tiempo que sin haber sido nunca presente ya es pasado, vos ya sabés, yo siempre tuve más de una línea de tiempo. Tenés razón, no me es difícil sentir nostalgia, por estos días, o alguna vez. Pero ese día pude sentir la grieta. El relieve del borde de las partes que se separaban. Podía sentirlo en la piel, en mi cuello, en mi cabeza, pero también muy dentro mío. Y todo se llenó de astillas. A veces era tan solo una nena, una nena que no sabía cómo hacerse cargo de sus acciones y sus sentimientos, de sus impulsos y sus necesidades.
No te asustes, no estoy triste, solo que a veces te extraño, o no, no sé. No sé si es a vos, a los momentos que compartimos, al tiempo que dejábamos pasar sabiendo que estábamos ahí. No sé. Sólo sé que llame al flaco encargado de las mesas y le pedí un Fernet, mientras rogaba que lo preparen “a lo camionero”, tan fuerte como fuera posible. Mientras trataba de callar esas ganas de tomarme un whisky en tus clavículas, de comerme todos tus lunares y esconderme bajo tus sabanas mientras creías encontrar mi alma en el fondo de mis ojos.
Nunca llegue a enamorarme de vos, no podía, no me generaste amor nunca (quizás otro día te cuente que “sentía”, porque es incluso más rebuscado y sombrío que todo esto, más intrincado y oscuro, más complejo, no exagero si digo que roza lo cínico). Eras otra cosa, un sentimiento sin nombre pero que tenía como banderas la comodidad, la naturalidad, la cotidianeidad, el sexo, series, porros y chocolates. Un par de metros arriba del suelo le devolviste luz a mi cabeza con cosas sencillas, me enseñaste que esta bueno no ser tan estructurada y te fuiste volviendo parte de mí. Nunca te exigí nada porque no me hacía falta, nunca hubo un problema porque no era necesario, estábamos juntos para pasarla bien, para compartir un rato, para ser una distracción para el otro y divertirnos, sobre todo divertirnos.
Y por esa simpleza que tienen las cosas buenas, lo prolongamos demasiado. Nunca pude nombrarlo en voz alta, ¿cómo podía entonces terminarlo? No había nada malo, no había complicaciones ¿Cómo lo cortaba? ¿Cómo lo ensuciaba? Y eso mismo que era su mejor virtud fue su mayor debilidad, lo que ensucio todo (paulatinamente), lo que hizo que hoy me siente en este bar casi vacío y pida un Fernet lo más fuerte posible. Y que brinde a tu salud porque te extraño y no, pero consiente de que es un recuerdo y que ese es el lugar que tiene que ocupar. Consciente de que no hay más balcones, hamacas, desayunos y besos que compartir juntos, sino un buen recuerdo, tu sonrisa y tus abrazos, y esa confianza compartida de viejos conocidos, de constantes que sostienen estructuras invisibles, de ese vínculo que desdibuja la palabra amistad para configurar algo raro pero inevitable.



viernes, 14 de marzo de 2014

there is no lie in his fire

La noche en que me di cuenta el tamaño del viaje que me estaba comiendo con vos fue tan rara como toda esa mezcla que me producís cada vez que te veo. Y en la misma acción, sentí que "eso" se quebraba y lentamente empezaba a desaparecer. Porque era más la mítica, eso tan raro que podía percibirlo, que me vibra en cada átomo, que algo que se pueda delinear o encerrar con el lenguaje. Básicamente me gusta de vos eso que no existe. O si pero… ¿trataron de definir alguna vez un misterio?  Bueno, así, no se puede, porque el misterio te cautiva, te obnubila la capacidad de categorizar lo que te pasa, te deja sin defensas porque no entendés que es eso que estas sintiendo con cada centímetro del cuerpo, pero que no existe en ninguno, te colisiona el pecho.
Me gusta mirarte, tu pelo despeinado a propósito, tu bigote/barba incipiente, tu sonrisa. Como me gusta tu sonrisa. En mi cabeza estás siempre rodeado de alguna especie de humo (si humo, así te dibuja mi imaginación, pero un humo distinto, de esos que desdibujan formas fijas para hacerlas etéreas y perfectas en su indefinición)  siempre distante. En esa distancia incorpórea tenés música propia, distinta, y vibrás, la transmitís con vos, intrínseca a tu esencia, la bailás...  Y cuando bailás! La puta madre! Cuando bailas sos el dueño absoluto de lo que quieras, porque tu alma brilla tanto que me enceguece, no puedo  verte bailar porque me ahoga la luz, emanas placer (me supera, me voy de tema, si fuera así de fácil poder decir lo que siento, no valdría la pena bailarlo).
No te conocía, no se quien sos, en mi cabeza eras tan brumoso como la copa del cerezo de tu antebrazo, tan indefinible como delimitar sentirse pleno. No sé si te quiero, si en algún momento te quise, casi podría decir que me era indiferente… pero me gustaba mirarte, idealizarte, sentir que eras una proyección mía, que nuestras escencias estaban conectadas en otro lado, en algún plano, y que me energizabas… Vamos a hablar crudo, cojer con vos en planos cósmicos que sólo para mi existían, porque ahí podía perderme en ese ser que era pura energía, que me hacía acabar universos, que me teletransportaba, me licuaba y me devolvía a la vida terrenal más crecida, más realista, realizada. Sí, todo eso, sin que nisiquiera sospeches que  pasaba por mi cabeza y vibraba en cada átomo de mi cuerpo.
Pero entonces anoche. Pero entonces una seguidilla de eventos que llevaron a anoche. Pero entonces yo, dándome cuenta que ese ideal ya no está, nunca estuvo, pero ahora está menos. Pero entonces yo descubriéndote, descifrando el misterio, conociendo esas partes de tu vida que no se si quería conocer, porque me divertía comerme el viaje y “flasharla” con una relación energética, con una conexión cósmica (ok, pendeja delirante). Nunca nada fue amor, pero era todo amor, y vos al medio. Y vos sin tener idea que todo esto me efervecía. Ojo, nunca fue con dolor, nunca no lo disfrute, necesitaba tenerte lejos, super lejos, para poder construír la historia que yo quería.
Pero entonces ella, como un factor que me hizo darme cuenta que no me hacías falta. Que en realidad no me importaba, porque todo lo que sumaba a iluminarte a mí me colmaba más, entonces de qué quejarme. Pero entonces yo conociéndola a ella, y entendiendo que sí, no podía ser de otra manera, y yo queriéndola, porque es inevitable hacerlo.
Pero entonces tu tatuaje. Y entonces ese malestar sin nombre, esa oscuridad que apago todo un ratito para hacer un micro duelo. Porque tu tatuaje…  ahora es una obra de arte, ahora tiene colores, líneas definidas, ahora es el mejor tatuaje que ví, y te encanta y es TU tatuaje. Pero entonces yo dándome cuenta sin darme cuenta que ese tatuaje, el que ya no es, definía lo que yo idealizaba, porque era casi un espejismo, porque no podía ser corpóreo o temporal, sino que se esfumaba, se evadía, y en esa nada me hipnotizaba, me aprehendía. Y entonces se fue, entonces te vi y te conocía, te vi a vos no a eso que yo cree, y me encanto lo que ví, sos un ser divino… pero doliste, doliste ahí donde duelen las idealizaciones caídas o las ilusiones rotas. Doliste aunque no esperaba nada de nadie, aunque no me interesaba. Y con ese dolor dimensione todo, y al final llegue a mi casa y me reí de mi, me reí de lo divertido que fue. Y también te agradecí, porque de una manera intrincada fuiste la caja de resonancia que necesitaba para darme cuenta la capacidad (voy a seguir sin decir necesidad, para eso todavía me falta vencer muchos escudos personales) que tengo de sentir.
Y creo que si tratara de contar a alguien lo que me pasó esa noche, la única en la que necesite irme porque me oprimía verte, lo pondría quizás en palabras como estas. Y terminaría con una frase resumen que borraría todo el resto, porque es mi mambo, y porque cualquiera prefiere quedarse con un: “o no sé qué me pasó, pero flashé fuerte, y me divirtió comerme el viaje”.