No importa que
pasó en realidad, no importa cuales fueron los hechos concretos, porque nunca
importó. Porque siempre fue un juego de idealización/desidealizaciones en las
que tiraba un turno cada uno, y mientras, el otro aprendía a querer las
realidades y no las proyecciones. Pero así y todo, real o inventado,
mantenían una fantasía, incluso queriéndose a destiempo.
Disociada su cabeza de
su corazón para tratar de sentir y no pensar, para callar un rato las ideas y
por una vez animarse a eso a lo que sus escudos personales no la dejan, había logrado que pelee contra su miedo a abrirse a alguien, que se anime a
entregarle a alguien su vulnerabilidad. No lo sabia, no podía saberlo, a
pesar de que siempre lo considero otro ser-erizo, que solo puede querer a
distancia. Y quizás se explica así, no? Solo sabía querer de esa manera, pero ella también, y de vez en cuando los erizos se olvidan que demasiada cercanía pincha... y que demasiada distancia congela también.
Mientras se miraba en el espejo de su baño, intentaba tragar el nudo que se le formaba en la garganta, no derramar esas lágrimas, no llorar porque nunca fue parte del trato, eso no tenía que pasar "¿porqué? si
solo queríamos pasarla bien…"
Pero solo
queremos pasarla bien llevo a una seguidilla de eventos que terminaron con un
erizo olvidándose del filo de las espinas… y todo porque adentro suyo creció
algo que ocupo todo, sentía, amaba, y el amor te excede, te obnubila, se
derrama por todos lados y ocupa cada intersticio de tu vida, el amor no es esa bandera que sostiene las relaciones, es la forma de relacionarse la que sostiene el amor, y cuando ya hay amor, no se vuelve, no se puede… no se acostumbra a sentir y no lo pude
manejar, necesitaba acercarse, quererlo, llenarlo de ella por todos lados, inundarlo. Lo ahogo quizás, lo sabe, y solo generaba más alejamiento, mas retraimiento. Pero no
podía, no podía volver a ser un tempano porque le hacía falta, casi a nivel de
prioridad, lo quería ver, tocar, necesitaba su sonrisa, necesitaba
solo un abrazo. "Me derretiste e hiciste explotar ese color que no te cansaste
de enseñarme, es el más energético" pensó … las pasiones son peligrosas armas de doble
filo.
Pero tenía que
parar, porque entonces ese día se sintió sola durmiendo en su cama, porque se paró frente a un espejo y no sabía quién era, ¿y la
sabiduría? Y el raciocinio? ¿Y el ser frío y pensante del que se jactaba ser?
Estaba mendigando cariño, estaba puteando contra prioridades que ya conocía y
que de repente molestaban. ¿Qué estaba haciendo?
Y entonces
entendió, y lloró lágrimas amargas como nunca. Porque fue un aprendizaje nuevo,
un poquito de crecimiento, un golpe que hacía falta pero para el que no
estaba preparada de forma tan brusca. Lo amaba, de cierta manera rebuscada,
complementándose con él sin saber cómo. "Te amo, quizás, sos la persona con la
que más comodidad logre en mi vida. Pero no puedo estar con vos, porque me
rompiste el corazón, porque hiciste que me convierta en eso que más odio,
porque me hiciste mendigar cariño, me hiciste traicionarme a mí misma." Pero ella sabía que no, que el no había echo nada, que era ella quien se había olvidado de ella misma, y sabe que en el fondo, donde el no tiene miedo de engancharse, de volverse un poquito vulnerable y se anima a querer... en el fondo tampoco quiere eso que es ahora, sabe que sería más cómodo no quererlo tanto, sería más fácil si siguiéramos diciendo "no pasa nada estamos bien" ... queres eso frío, “lunar” dijiste
alguna vez, la fantasía sin hacerse realidad. Necesitaban quererse a
destiempo, necesitaban no quererse porque esa era la magia, esa era la esencia
sin malentendidos, sin peleas, era todo tan bueno porque era irreal.
"Te dejo la llave acá,
te dejo mi corazón acá también, acordate que fue tuyo, que siempre lo va a ser
en parte, me enseñaste a amar, me enseñaste a ver la vida con amor, me hiciste darme cuenta todo el amor que puedo
dar, todo lo que puedo llegar a sentir, gracias. Pero necesito otra cosa, no
quiero sumar cosas que no sean constructivas a mi vida, y en este momento no me
suma estar así, no me suma llorar, no me suma no poder pensar por afuera, no poder
despegarme, necesito recuperarme. A mí, sola. Yo, como siempre. Yo. Solo te estoy
diciendo esto porque necesito limpiarme, necesito decir todo eso que no nos
dijimos, necesito poner en palabras algo que siempre me quemo solo a mi adentro mío,
y vos me vas a mirar y no va a decir nada, porque siempre me miras y no decís
nada, y entonces nunca sé que pasa. Pero ya no me divierte, ya no sé si quiero
jugar a tratar de romperte cuando yo me desarme contra mi pesar. No te tengo rencores, te entiendo más incluso de lo que vos
te entendés, no tengo ganas insatisfechas o quizás sí, la de morderte todos los
lunares, la de dibujarte constelaciones en la espalda, las de infinitos cafés
escondidos en tu departamento del mundo, creyéndonos inmortales… y ahora tampoco
palabras no dichas porque te las dejo todas, aunque no soportes verme llorar,
aunque no puedas lidiar con emociones y yo te apabulle con esta especie de
ebullición… No hay caricias amontonadas, nos las dimos todas, jugamos a
todo lo que quisimos inventar con el otro, ni malos tragos, ni restos de veneno
porque jamás existieron, porque con vos siempre todo fueron whiskys y risas,
besos y flores. Ni fingir indiferencia, porque sería falso, ni fingir
amistad porque a esta altura ya no puedo ser tu amiga, no me interesa. Queda todo y no queda nada. Diciéndote chau, te amo más que
nunca, te amo con todas esas letras, con todas las veces que moría por
gritártelo y no me animaba porque tenía miedo que te aleje, que te asuste. Te
amo tanto, que me olvide cuales eran las características con las que me
identifico, que me volví terrenal, que me olvide que hace falta despegarse, no
aferrarse, que querer no es poseer, no es aprisionar. Y necesito acordarme, para quererte sin patología,
sin llantos, sin exigencias desmedidas y sin pedirte que dejes de ser quien
sos, necesito decirte chau para poder volver a ser dos individualidades que
caminan juntas pero sin olvidarse que cada una es un camino propio, en
realidad, para volver a encontrar mi individualidad, porque nunca la perdiste,
porque la estabilidad de tu estructura no falla, jamás, pero yo me olvide un
poco de eso, y necesito recordarlo." Hoy necesito volar.
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