domingo, 25 de mayo de 2014

un poco de nada y de todo

Ah Renata, vendedora de palabras que viaja por la vida abrigada con sonrisas, nómade, amiga del viento, atado al pasado, al porvenir, siempre en todos lados, nunca por aquí. Le llené de piedras los bolsillos, y por algún tiempo funcionó, se quedó en la tierra, empezó a respirar de a poquito en el hoy, en las realidades de vida cotidiana, de rutinas y cosas pautadas.
No sé cómo ni cuándo ni dónde la conocí, eras la prima de un amigo del vecino del kiosquero de una tía, del destino que nos quiso unir.
Nunca empezó, aún no se si acabó, es difícil saberlo, nos hablábamos en un mundo paralelo, donde ella me transportaba, sin cerrar los ojos, sin levantarnos de la cama. Le contaba del cielo y las estrellas, formulas y teorías de física, guerras mundiales y socialismo. Ella charlaba de sus amores, desgracias y promesas, Freud, Lacan, José Ingenieros, Harry Potter, las uñas, el pelo. Y así como así, quemábamos sedas, creábamos humos de colores y nos acabábamos la bolsa de caramelos con el mismo entusiasmo, nos desayunábamos con esa gracia infinita, moviendo las manos, sonriendo, poniéndonos a prueba, retándonos a duelo. Un cable a tierra que irónicamente en vez de vaciarme me llenaba.
Algo tenía que me atravesaba, mirarla desnuda peinarse frente al espejo, paseándose con mi camisa desabotonada, quejándose de su facultad, su familia, del frío, del calor, del ruido, de mí, de ella, de vos, de yo.
Cómo nos queríamos, cómo la quiero. Nos mirábamos con una sagacidad animal, éramos pura piel, en una confianza que no sabría explicar, y su alegría, sus besos, esa manía de abrazarme por la espalda, de jugar con mis lunares, de mirarme dormir sin hacer nada, esas constantes ganas de quedarnos tirados, pero juntos. No jugábamos a la rayuela, no había ningún cielo que alcanzar. No perseguíamos un objetivo ni nos hacíamos planteos, si nos caíamos nos reíamos del tropezón y a lo supo nos raspábamos las rodillas pero nada más.


Renata es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber, es a veces tan retorcida que hay cosas de ella que prefiero no conocer A veces siento que no puede, no por mala sino porque no sabe entregarse del todo, mostrarse transparente, enseñar sus fantasmas, pero entonces solo puede  dejarse ir, y así vive de acuerdo a lo que piensa y siente en ese momento, sin hacer reflexiones o cuestionarse implicaciones futuras.
Nos abrazamos por última vez, y mientras veía cerrarse el ascensor con ella adentro, chueca y despeinada… no pensé en nada, intentaba no atarme tampoco, lo curioso es que con el tiempo necesite curitas, la caída me dolió más de lo esperado, el raspón entre nostalgias de noches largas comenzaba a crecer.
Que hermosa estaba Renata esa noche, si tan solo sus ojos fueran claros como su piel, si tan solo su alma no entrañara el laberinto de espejos que la hace chocarse una y otra vez.

No podría decirte que le pasó, que cosas se le cruzaban por la mente mientras intentaba convencerla de que no hacía falta que le pongamos un nombre o que le busquemos una explicación a esto que pasaba. Yo creo que la amaba, en dos semanas había llegado a morderme la lengua para evitar decirle “te quiero” y estrujarla en un abrazo que la pegue a mí para siempre, para comérmela, introyectarla, que sea parte mía.

Renata era, es, tan contradictoria, me hablaba del futuro, de viajes, de lugares que quería que conozcamos juntos, de películas que quería que vayamos a ver, me hablaba de nombres y número de hijos, de muebles y plantas que quería tener. Me agarraba la mano, qué chiquitas eran, haciéndome las preguntas más extrañas, y yo le pedía opciones para responder A, B, C, no quería decirle algo que no quisiera escuchar, necesitaba que me sonría, que cuelgue sus ojos de los míos y me aprisione con ella. Renata había encendido el tendido eléctrico de mi cuerpo, me había partido como un rayo en medio de la tormenta más prolongada de mi vida, y no me había dado lugar a elegir. Renata estaba dentro mío, desde el primer momento en que me pidió que le convide un cigarrillo y que la acompañe a su casa porque no quería caminar sola; tenía la mirada perdida y el delineador corrido, la miré y a ella le costó establecer contacto, rehusaba mirarme a los ojos… pero cuando lo hizo, supe que dejarla sería más difícil que convivir con sus mambos. ¿Entendés? Me volvió loco, esquema que se le cruzó fue torre que cayó, yo iniciaba la cuenta regresiva, ella ya quería irse, y entonces le compraba medialunas, hacíamos leche con chocolate, y le robaba minutos silenciosamente, para mirar su sonrisa un rato más, para sentir la brisa que abanicaban sus pestañas al parpadear.

Entre flores, chocolates y sabanas cómplices, quiso terminar. Yo ya tenía presupuesto de los viajes, el mapa de los ríos que quería conocer, había leído su libro favorito y sabía que elegía chupetines verdes, pero Renata dibujando mandalas en el sillón de su casa, un día no se cuando, me miro con esos ojos árabes, complejos, y frunciendo la nariz, me dijo que debía alejarse.

No me dio motivos, cancelé cualquier intento por reconquistarla, le puse paños fríos a la psicología inversa y me redimí a sus pedidos, como siempre, que se yo, jamás podría haberle negado nada y ahora era igual, Renata hacé la tuya, quizás logre hacer la mía también.



Me puse los guantes, enrollé la bufanda alrededor de mi garganta anudada y aguantándome ese dolor inasimilable en el pecho salí rumbo a ningún lado, ah no, miento, iba al cine, pero en verdad no me acuerdo si la película fue muda, o era yo quien no quería escuchar.

viernes, 23 de mayo de 2014

compulsión a la repetición

Mientras avanzamos en el día a día vamos probando oportunidades, viendo de que manera ajustando las variables podemos llegar a resultados que necesitamos o lo más cercano a ellas que nos salga. Pocas son las veces que tenemos una certeza y una seguridad “másalládetodo”, que nos permita hacer y deshacer sin preocupación, desenvolvernos como nos venga en gana porque sabeos que el quid en cuestión esta fuera de discusión, que pase lo que pase, va a ser…
Amprados por la insensatez y la seguridad imperceptible pero ya constante invariable, fijada. Esa certeza deja de ser variante y se convierte en el no-proceso que permite devenir todo el resto de las dinámicas diarias. Pero en esa clase de certeza es donde la crueldad encuentra su primer bastión. Voy, vengo, hago, omito, te quiero, te olvido, te pido, te obligo. No nos importa, efectuamos sin moderación. Porque hagamos lo que hagamos lo damos por hecho, es el encuadre.
A veces creo que ellos dos se manejan de esa manera, van por la vida creyéndose destinados, valiéndose de cuanta arma de destrucción masiva tengan a su alcance para demostrarse cuan fuertes son, como si alguno se percatara. No me queda duda, son indestructibles. Pero, ¿A qué precio?
Durante un tiempo se alejan, llevan vidas separadas, sin puentes. Desayunan sin sorpresa, duermen en camas anónimas, a veces se extrañan, pero nunca confiesan. Conocen personas nuevas, bailan músicas ajenas. Intentan. De verdad desean. Quebrar la conexión, deshacer la certeza. Ser lanzados al viento. Nunca más intercambiar miradas. Ser sanos. Ser plenos.
Para cuando logran aquella estabilidad, el Sol se alinea con la Tierra. Hay temblores cuando se encuentran. Los caminos complotan, crean roces, y como un embudo, no les deja pelea. Caen juntos. Creen juntos. Por una milésima, se encuentran.

Y ahí va de nuevo, es la certeza. Efecto rebote. Aunque no lo quieran, cada vez más fuerte los golpea. Ahora se alejan, otra vez las huelgas. Son islas. Son planetas. La próxima será un minuto. Es probable que desaparezcan.

lunes, 19 de mayo de 2014

detormentaseléctricas

Una vorágine de cosas destructivas, de negaciones, de pedazos escindidos de mundo, de ausencias sin nombres, de acciones sin dueño, de recurrencias que asustan, que son ominosas.
De reconocer la falta, de querer llenarla y no encontrar qué es lo que se perdió. Qué búsqueda se empieza sin saber qué es lo que se busca, sin saber que o cuando se perdió, desde cuando falta.

Una voluntad que falla, que se quiebra, que no aguanta su propio peso, un enemigo escondido arriba de los hombros, del otro lado del espejo, atrás de los párpados. 
Un nudo que no es nudo, que no es más que un pequeño embrollo, un enredo. Pero que esta ahí, y se retroalimenta. Y es tan ínfimo que es fácil barrerlo disimuladamente, esconderlo debajo de la alfombra: no es más que suciedad. O abrir la ventana y esperar que corra el viento y se lo lleve: es sólo arena. Pero conoce el camino de vuelta y siempre vuelve (un poco más sucio, un poco más fuerte). Y una espera paciente, y dedos torpes a propósito, y alimentar el nudo disimuladamente. 
Una batalla constante entre vos y vos, un potencial autodestructivo inconmensurable. 
Una carrera bajo la lluvia, un rayo que quiebra la noche y quiebra su cabeza, sus escudos inventados, sus mecanismos de defensa contra sí misma. 
Se estremece, se sacude, parece que no va a acabar nunca.
Y entonces lluvia, efecto purgante, limpiame el alma, casi suplica. 
Caminando en bajada, retornando a su centro. Se ve en una vidriera reflejada, se sonríe. Y ya pasó...
"Sos la mina más zarpada que conozco, y por eso la más peligrosa. Cuidate, querete, sos lo único que tiene el potencial necesario para destruirte". 

domingo, 18 de mayo de 2014

cielosblancos

Yo creo que la misantropía esta menospreciada, no saben apreciar lo sublime de la soledad, de escuchar un álbum con una taza humeante de  te y envuelto en un plumón. No saben lo que se pierden, y solo por eso les quiero enseñar cómo ser un ser-sensible, y adoptar la melancolía como estilo.
 Para ser un ser-sensible debe usted despertarse a las 6 de la mañana y quedarse media hora observando el mundo dibujado en el patrón de una mota de polvo, mientras piensa en otoños naranjas, barbas y lunares. Prenda una vela con esencia de vainilla coco y almendra, y proceda a tomar un baño de inmersión con burbujas, y, de no ser posible disfrute su estancia bajo la ducha caliente, afloje el cuello, abrácese fuerte y enjabónese con las manos. . Luego del baño, deberá mirarse al espejo desnudo y repetir la palabra “ser-sensible” cinco veces mirándose los ojos, estaría bastante bien si de fondo suena, por ejemplo, Belle and Sebastian. Si aquí deja caer una lágrima, mejor.
No se confunda, no es tristeza, y cuídese de no desarrollar ese sentimiento, podría ser nocivo, mantenga siempre una melancolía con colores pastel y gusto a mascarpone.
Lea (siempre utilizando anteojos) cualquier libro que no esté considerado best-seller, o mejor, cualquier libro que encuentre significativo para usted, no importa si es un cuento infantil, una novela feminista antiimperialista o una tesis sobre tiempo/espacio. Léalo con un lápiz en la mano, subrayando todo lo que le parezca apropiado, encontrándose en letras de otros y desvirtuando el libro a su favor, de verdad, a nadie más que a usted le importa.
Prepárese un te cada vez que quiera, y juegue a encontrarle formas al humo mientras espera que se enfría. Elija sabores que le abriguen el alma, disfrute comprándolos y buscando combinaciones que le endulcen el paladar.
Si, de repente, cuando asoma a la ventana es un día de cielo blanco y frío, sabrá que el universo va paralelo a su alma, o si caen un par de gotas de lluvia puede aprovechar  para llorar un poco porque así, el universo y usted van en una misma dirección. Cuando llore mientras llueve, intente dibujarse en la imagen de película. En la película llora de emoción bajo la lluvia, porque siente que ahora está entendiendo cosas de la vida que antes no sabía. Y ahora crease que de verdad está pasando, y es usted cada vez más grande más sensible y más humano.
Si encuentra por ahí otro ser-sensible y deciden empezar a compartir su tiempo juntos, asegúrese que aprendan a compartir silencios y miradas, a ir con la menor cantidad de ropa posible para tener el alma liviana. Se aconseja que los momentos de amor entre ambos no duren menos de 3 horas y se den por la madrugada o al amanecer. Y durante el resto del tiempo, aprendan a acompañarse estratégicamente sin intervenir en la soledad del otro, sin alterar su sensibilidad. De lo contrario, puede que usted tenga la sensación de que le faltó “algo”, que no sabe qué es (si esto llegara a ocurrir, no intente buscar ese “algo”, no lo encontrará jamás y conocerá la frustración sentimiento poco aconsejable); o podrá desarrollar esa toxica emoción que llaman egoísmo y pertenencia (no intente encarcelar otro ser-sensible, estaría manchando con lo terrenal algo puro y ensuciando su estado de ánimo al divino botón).
De vez en cuando abrácelo tan fuerte, que va a pensar que se está despidiendo, pero no. Va a ser todo lo contrario. De vez en cuando abrácelo tan fuerte que vuelva a encontrarlo, que redescubra el espacio entre su hombro y su cuello, y embriáguese de su perfume, y recórralo de nuevo como si nunca lo hubiese visto.
Para ser un ser-sensible hace falta que consuma mucho líquido y que se anime a soltar un par de lágrimas. Cuando este contento llore, cuando este triste también llore. Llore sobre todo de impotencia, o llore porque le parece injusto. Llore si le dicen algo feo y cuando le digan algo lindo, llore. Llore por las cosas feas de los días anteriores y por las cosas lindas derrame lágrimas más gordas, pero menos saladas. No se olvide de llorar cuando lo crea necesario, y así con los ojos cristalinos y limpitos mire el mundo y estalle en una carcajada hasta que se le llenen los ojos de lágrimas.
Las palabras más apropiadas para un ser-sensible son: analógico, mágico, blanco, negro, luz, sombra, pureza y camino. No se abuse: utilícelas sólo cuando sienta que son necesarias e irremplazables.

Por último, intente dormirse llorando. Puede usted hacerlo pensando en cosas nostálgicas y/o melancólicas. Pincharse el brazo, o pegarse la rodilla contra una pared. Y que después de ese llanto, venga una sonrisa limpita, habiendo sacado todo lo que molesto su ser-sensible durante el día se puede dormir en paz. 





sábado, 17 de mayo de 2014

123

Lo único que nos distingue y nos hace únicos es nuestra capacidad de volar. Pero tenemos que tener cuidado, no cualquiera puede enterarse, se deslizan muy fácil los títulos de loco. Por eso nos escondemos, entramos a locales comerciales sin nombre solo para levitar un ratito dentro de algún cambiador, o elegimos calles super pobladas para ir así flotando entre la gente, que se mueven tan atareados y ofuscados con su vida rutinaria, que no presta atención a los 3 cm que nos separan del suelo. Vamos tarareando una canción, y en esa parte que nos gusta nos elevamos un poco más y nos reímos bajito.
Si hoy me  peino los rulos voy a ser más liviana, van a rebotar enmarcándome la cara, muy redonda quizás, quizás ni me importa. Voy a sonreírle al espejo,  y voy a salir volando, no por la ventana porque sería estirar demasiado  el don. Aprendimos a volar pero nuestro cuerpo recién lo está asimilando, todavía está en proceso de aprender que despegarse es más fácil de lo que parece, que fluir no cuesta tanto, y va haciéndose amigo del aire, pero de a poquito. Entonces hace falta que use el ascensor.
Y voy a salir a la calle, y voy a pensar que a veces me bloqueo, me voy a dar cuenta que pienso boludeces a veces, que me oscurezco sola, y que me gusta esa melancolía con sabor amargo, que la busco. Y bueno, no se ser de otra manera pero no me molesta, a pesar de todo. Igual ahora ya no, ahora iba con el aire, caminando, tarareando, y me olvide que no tenía que flotar si vos me mirabas, porque tenía que pasar desapercibida, o quizás también lo estaba buscando.
Entonces cruzaste y me agarraste la mano. –Te vi! Me dijiste, y se me dibujo una sonrisa redonda, me atrapaste in fraganti, y como no se quien sos te voy a proponer que camines conmigo, y te voy a enseñar un poquito a volar, pero solo un poquito, porque no puedo hacer más que darte lineamientos generales. No es tan difícil.
Primero tenes que pensar que todo lo que quieras va a pasar, no sé si eso es bueno o malo pero funciona así. Pensá que de ahora en adelante vas a conseguir todo lo que te propongas, mira hagamos una prueba. Yo quiero un chupetín, así que paramos en un kiosco y lo compro, sin pensarlo dos veces, también se me ocurre llamar a mi mamá, a veces no la soporto pero quiero decirle que la quiero, ves, la llamo y me llega su sonrisa con sabor a mate amargo y tostadas con miel.
  
Vos no lo podes creer todavía y yo te entiendo, pero es así de fácil. Antes también me pasaba algo parecido a eso que veo en tus ojos. Te saqué de ese sopor así que ahora aunque sea por un rato seguime la corriente. Yo ya te diagnostique, te leí muy fácil, y sé que funcionas en neutro. El balance de tu vida hoy da algo neutro, incoloro, que no te llena pero tampoco te pesa. Neutro. Eso siempre te sirvió. Siempre preferiste la nada antes que cualquier cosa que no te convenciese del todo. Elegís, tomas decisiones, pero tendés a la nada. La nada está ahí. Hablas, esbozas planes, y todas tus palabras tienen igual el acento de la nada. La nada es tu idioma original, tu lengua materna, y estas aprendiendo a cubrirla  con palabras ajenas. Yo también hablaba en neutro, por eso conozco el acento, pero ves que casi ni se me nota ya, solo a veces, cuando dejo que hable en mi lugar. Pero ahí ya es elección.

Y no me conoces, y yo te estoy diciendo muchas cosas, porque siempre digo muchas cosas, porque me lleno la boca de palabras, porque digo palabras complejas y vomito cantidades siderales de palabras, y capaz te estoy queriendo decir algo tan simple como que vuelvas a creer, y que le pongas más alma a tu vida, quizás solo estoy dando vueltas y más vueltas, casi hasta mareándome sola para decirte algo tan sencillo. Capaz solo porque quería que camines un par de cuadra conmigo, para darte tiempo a que desempolves tu fuego y reavives ese humito que tenes en el corazón, el tiempo suficiente para que no te parezca tan simple lo que quiero decirte, porque no valoras las cosas simples y eso es todo lo que te falta, no dejar que la vida se vuelva común, no dejes de querer la vida.

Y bueno, ahora voy a doblar en esta esquina y me voy a ir. Antes paremos en este local ves que tiene un zócalo alto, voy a volar un ratito, así para que veas que se puede, y después me voy a ir. Si algún día te vuelvo a ver, espero verte flotando, y escuchando música que tararees y riéndote como loco porque nadie más que yo sabe que también sabes levitar.  Y ahora te robo un beso, y me voy, y si querés te podes acordar de mi como la chica que me empujo a que sea distinto, o no, vos decidís. 

misántrop

Permitidme entonces el siguiente consejo:  allí donde te encuentres en compañía, cultiva el hábito de llevar contigo parte de tu soledad, de aprender, en alguna medida, a estar solo aún en medio de los otros; de no decir sin más lo que estés pensando, y tampoco de tomar demasiado en serio lo que otros digan; es preferible no esperar gran cosa de los otros, ni en lo moral ni en lo intelectual, practicando siempre una suerte de indiferencia por las opiniones ajenas, que es la mejor forma de ejercitar una sana tolerancia. Si haces esto, no llegarás a vivir simplemente como los otros sino que te moverás entre ellos estableciendo una relación de carácter puramente objetivo. Estas precauciones te apartarán de un contacto demasiado íntimo y contaminante con la sociedad, y te protegerán, incluso, del fastidio y la ofuscación.
Arthur Schopenhauer, Aphorismen zur Lebensweisheit

viernes, 16 de mayo de 2014

elultimoescudo

No pretendas saber que pasa acá dentro, no te invite a que conozcas mi cabeza, no pretendas conocerme más allá de lo que planeo mostrarte. Mirá, pega la oreja, como si quisieras escuchar a través de una puerta. ¿Ves que no suena?, no vas a escuchar el bombardeo constante de ideas/contra idea/contra contra idea que me sacude, y vas a tener que conformarte con que ese es un escudo insalvable, el único, porque no se ponerlo en palabras. Porque no puedo ponerlo en palabras.
¿Quién viene a llenar y recoger esos espacios vacíos? ¿Qué se dice cuando no se dice? Quien no nombra, no aprisiona, no categoriza, deja abierto al ser, la cosa termina matando a la cosa porque pierde, en el intento de encontrarle un lugar en una tipología, su singularidad, no la recortes, no digas esas palabras, no duelas, no todavía. 
Me pedís que trate de explicar  un sentir, queres saber que pasa por mi cabeza. No desconciertes el final del camino. Escucha  con la mirada o pega la vuelta. Dale rienda suelta a lo que quieras pensar, porque de todas maneras es más real que lo que sea que pueda contarte.  Porque no aprendí a apresar cantidades de energías con palabras, y a la vez ¿Cómo cruzar de una palabra a otra? ¿Cómo no caer en el charco de agua que hay entre tanta palabra junta?
No soy mala, no se ser de otra manera. No te voy a abrir mi cabeza, no te voy a contar que me pasa, te voy a regalar una sonrisa, los dedos llenos de caramelos, una invitación a colgarte en mis pestañas, si queres, pero no pretendas pasar una barrera que no está en negociación.
Y de repente, como todo lo que corresponde a mí ser... me voy a levantar e irme. Pensalo en mas allá, pensalo libre, pensalo esencia pura. Déjalo (me) ser, fluido, así lo leo, me olvido del entorno, me olvido que existe el tiempo, ¿existe? se deforma, se elastiza, se hace tan eterno como breve.
no me mires, no de esa manera. No me hagas más preguntas, no quieras imaginar más respuestas, después de todo, yo no existo, es tu cabeza la que me construye, tu filtro lo que me estructura, y ese es tu real.  Lo real que se escapa, no queda apresado en palabras que no sirven para comunicar. Así como vos no existís, no sos real ante el mundo como en mi vida, son seres diferentes.

Necesito que me dejes este derecho a duda, derecho a incógnito, permiso de ideal. Esto soy, en esto creo, déjame mantener mis escudos y mis ruinas escondidas. Yo también quiero saber si te puedo sentir concreto en cada rincón de mí ser. Quiero entender tus pensamientos, tu sentir…pero a la vez necesito que  seas ese secreto, esa duda imposible de descubrir que me lleva a un frenesí difícil de detener, que me invita a redescubrirte cada día y te hace tan único e inigualable para mí.

extasis

Un torbellino de colores, y de repente, él siendo eso. Dos nadas, descorporizadas, energía en movimiento, un cortocircuito y una descarga masiva, absoluta. ..cuando exploto en placer, cuando el goce se abrió paso e hizo caer cualquier escudo, cuando el no-contacto constante, se quebró. Cuando todo era energía, cuando solo había unidad de los sentidos, sentir pensar hacer ver escuchar armónicamente integrados, o ninguno, suspendidos en explosión.