jueves, 27 de marzo de 2014

caminantes

Estaban ahí, estaban?. Ellas caminaban, presentificaba un tiempo y un lugar físico pero podría ser cualquier punto en el tiempo, que puede repetirse, en cualquier momento, de cualquier forma, solo basta ese segundo compartido, ese silencio que las sumerge en lo etéreo de las conexiones energéticas, en la nada que somos en continuo movimiento, en el equilibrio de su sintonía y la paz de charlas con sus esencias.
De verdad existen? De verdad trascienden? Ellas caminan. Caminan por la vida descubriendo lo mucho que la aman, descubriéndose, aprendiendo a crecer y a construir mejores versiones de si mismas. Se abrazan al cambio, no se quedan quietas. Aprenden algo de todo lo que les llega. Como dementores de tiempos modernos, solo se quedan con aquello que brinda cosas nuevas a sus vidas, “chupan” eso que les sirve para crecer, descartan lo que las estanca, lo que las ahoga.

Mira sus sonrisas, escucha sus silencios y bailá su música. 

martes, 25 de marzo de 2014

alma de bar

Me senté en el bar casi vacío. A pesar de que no había nadie y podía elegir la mesa que más me gustara seguí derecho hasta el fondo, hasta ese micro patio que conocía casi de memoria. El romanticismo pelotudo de los lugares conocidos, de poder sentir el aire otoñal de una noche casi perfecta, de poder ver las estrellas y lo que quedaba e esa luna menguante que me hacía acordar al yo que era para vos (si, así de rebuscado, la luna me recordaba la imagen mía que tenías y de la que en algún punto me había apropiado hasta hacerla casi un emblema).
Me senté en silencio, prendí un cigarrillo de ese atado que acababa de comprar (mi vida podría ser una oda a los nuevos vicios). Sonaba despacito Bob Dylan y no podía evitar un dejo de melancolía. “No te cuesta sentir melancolía - me dirías - te la inventas cuando te aburrís” y bueno, sí, puede que tengas razón.

Nobody feels any pain
Tonight as I stand inside the rain
Everybody knows
That Baby’s got new clothes
But lately I see her ribbons and her bows
Have fallen from her curls.
She takes just like a woman, yes, she does
She makes love just like a woman, yes, she does
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl.


Me quedé inmóvil, apoyando mi mentón en mi mano, mientras dejaba de sentir los pies por el frío. Inevitablemente sentí un poco de nostalgia, pero de un tiempo que sin haber sido nunca presente ya es pasado, vos ya sabés, yo siempre tuve más de una línea de tiempo. Tenés razón, no me es difícil sentir nostalgia, por estos días, o alguna vez. Pero ese día pude sentir la grieta. El relieve del borde de las partes que se separaban. Podía sentirlo en la piel, en mi cuello, en mi cabeza, pero también muy dentro mío. Y todo se llenó de astillas. A veces era tan solo una nena, una nena que no sabía cómo hacerse cargo de sus acciones y sus sentimientos, de sus impulsos y sus necesidades.
No te asustes, no estoy triste, solo que a veces te extraño, o no, no sé. No sé si es a vos, a los momentos que compartimos, al tiempo que dejábamos pasar sabiendo que estábamos ahí. No sé. Sólo sé que llame al flaco encargado de las mesas y le pedí un Fernet, mientras rogaba que lo preparen “a lo camionero”, tan fuerte como fuera posible. Mientras trataba de callar esas ganas de tomarme un whisky en tus clavículas, de comerme todos tus lunares y esconderme bajo tus sabanas mientras creías encontrar mi alma en el fondo de mis ojos.
Nunca llegue a enamorarme de vos, no podía, no me generaste amor nunca (quizás otro día te cuente que “sentía”, porque es incluso más rebuscado y sombrío que todo esto, más intrincado y oscuro, más complejo, no exagero si digo que roza lo cínico). Eras otra cosa, un sentimiento sin nombre pero que tenía como banderas la comodidad, la naturalidad, la cotidianeidad, el sexo, series, porros y chocolates. Un par de metros arriba del suelo le devolviste luz a mi cabeza con cosas sencillas, me enseñaste que esta bueno no ser tan estructurada y te fuiste volviendo parte de mí. Nunca te exigí nada porque no me hacía falta, nunca hubo un problema porque no era necesario, estábamos juntos para pasarla bien, para compartir un rato, para ser una distracción para el otro y divertirnos, sobre todo divertirnos.
Y por esa simpleza que tienen las cosas buenas, lo prolongamos demasiado. Nunca pude nombrarlo en voz alta, ¿cómo podía entonces terminarlo? No había nada malo, no había complicaciones ¿Cómo lo cortaba? ¿Cómo lo ensuciaba? Y eso mismo que era su mejor virtud fue su mayor debilidad, lo que ensucio todo (paulatinamente), lo que hizo que hoy me siente en este bar casi vacío y pida un Fernet lo más fuerte posible. Y que brinde a tu salud porque te extraño y no, pero consiente de que es un recuerdo y que ese es el lugar que tiene que ocupar. Consciente de que no hay más balcones, hamacas, desayunos y besos que compartir juntos, sino un buen recuerdo, tu sonrisa y tus abrazos, y esa confianza compartida de viejos conocidos, de constantes que sostienen estructuras invisibles, de ese vínculo que desdibuja la palabra amistad para configurar algo raro pero inevitable.



viernes, 14 de marzo de 2014

there is no lie in his fire

La noche en que me di cuenta el tamaño del viaje que me estaba comiendo con vos fue tan rara como toda esa mezcla que me producís cada vez que te veo. Y en la misma acción, sentí que "eso" se quebraba y lentamente empezaba a desaparecer. Porque era más la mítica, eso tan raro que podía percibirlo, que me vibra en cada átomo, que algo que se pueda delinear o encerrar con el lenguaje. Básicamente me gusta de vos eso que no existe. O si pero… ¿trataron de definir alguna vez un misterio?  Bueno, así, no se puede, porque el misterio te cautiva, te obnubila la capacidad de categorizar lo que te pasa, te deja sin defensas porque no entendés que es eso que estas sintiendo con cada centímetro del cuerpo, pero que no existe en ninguno, te colisiona el pecho.
Me gusta mirarte, tu pelo despeinado a propósito, tu bigote/barba incipiente, tu sonrisa. Como me gusta tu sonrisa. En mi cabeza estás siempre rodeado de alguna especie de humo (si humo, así te dibuja mi imaginación, pero un humo distinto, de esos que desdibujan formas fijas para hacerlas etéreas y perfectas en su indefinición)  siempre distante. En esa distancia incorpórea tenés música propia, distinta, y vibrás, la transmitís con vos, intrínseca a tu esencia, la bailás...  Y cuando bailás! La puta madre! Cuando bailas sos el dueño absoluto de lo que quieras, porque tu alma brilla tanto que me enceguece, no puedo  verte bailar porque me ahoga la luz, emanas placer (me supera, me voy de tema, si fuera así de fácil poder decir lo que siento, no valdría la pena bailarlo).
No te conocía, no se quien sos, en mi cabeza eras tan brumoso como la copa del cerezo de tu antebrazo, tan indefinible como delimitar sentirse pleno. No sé si te quiero, si en algún momento te quise, casi podría decir que me era indiferente… pero me gustaba mirarte, idealizarte, sentir que eras una proyección mía, que nuestras escencias estaban conectadas en otro lado, en algún plano, y que me energizabas… Vamos a hablar crudo, cojer con vos en planos cósmicos que sólo para mi existían, porque ahí podía perderme en ese ser que era pura energía, que me hacía acabar universos, que me teletransportaba, me licuaba y me devolvía a la vida terrenal más crecida, más realista, realizada. Sí, todo eso, sin que nisiquiera sospeches que  pasaba por mi cabeza y vibraba en cada átomo de mi cuerpo.
Pero entonces anoche. Pero entonces una seguidilla de eventos que llevaron a anoche. Pero entonces yo, dándome cuenta que ese ideal ya no está, nunca estuvo, pero ahora está menos. Pero entonces yo descubriéndote, descifrando el misterio, conociendo esas partes de tu vida que no se si quería conocer, porque me divertía comerme el viaje y “flasharla” con una relación energética, con una conexión cósmica (ok, pendeja delirante). Nunca nada fue amor, pero era todo amor, y vos al medio. Y vos sin tener idea que todo esto me efervecía. Ojo, nunca fue con dolor, nunca no lo disfrute, necesitaba tenerte lejos, super lejos, para poder construír la historia que yo quería.
Pero entonces ella, como un factor que me hizo darme cuenta que no me hacías falta. Que en realidad no me importaba, porque todo lo que sumaba a iluminarte a mí me colmaba más, entonces de qué quejarme. Pero entonces yo conociéndola a ella, y entendiendo que sí, no podía ser de otra manera, y yo queriéndola, porque es inevitable hacerlo.
Pero entonces tu tatuaje. Y entonces ese malestar sin nombre, esa oscuridad que apago todo un ratito para hacer un micro duelo. Porque tu tatuaje…  ahora es una obra de arte, ahora tiene colores, líneas definidas, ahora es el mejor tatuaje que ví, y te encanta y es TU tatuaje. Pero entonces yo dándome cuenta sin darme cuenta que ese tatuaje, el que ya no es, definía lo que yo idealizaba, porque era casi un espejismo, porque no podía ser corpóreo o temporal, sino que se esfumaba, se evadía, y en esa nada me hipnotizaba, me aprehendía. Y entonces se fue, entonces te vi y te conocía, te vi a vos no a eso que yo cree, y me encanto lo que ví, sos un ser divino… pero doliste, doliste ahí donde duelen las idealizaciones caídas o las ilusiones rotas. Doliste aunque no esperaba nada de nadie, aunque no me interesaba. Y con ese dolor dimensione todo, y al final llegue a mi casa y me reí de mi, me reí de lo divertido que fue. Y también te agradecí, porque de una manera intrincada fuiste la caja de resonancia que necesitaba para darme cuenta la capacidad (voy a seguir sin decir necesidad, para eso todavía me falta vencer muchos escudos personales) que tengo de sentir.
Y creo que si tratara de contar a alguien lo que me pasó esa noche, la única en la que necesite irme porque me oprimía verte, lo pondría quizás en palabras como estas. Y terminaría con una frase resumen que borraría todo el resto, porque es mi mambo, y porque cualquiera prefiere quedarse con un: “o no sé qué me pasó, pero flashé fuerte, y me divirtió comerme el viaje”.