La noche en que
me di cuenta el tamaño del viaje que me estaba comiendo con vos fue tan rara
como toda esa mezcla que me producís cada vez que te veo. Y en la misma acción, sentí que "eso" se quebraba y lentamente empezaba a desaparecer. Porque era más
la mítica, eso tan raro que podía percibirlo, que me vibra en cada átomo, que
algo que se pueda delinear o encerrar con el lenguaje. Básicamente me gusta de
vos eso que no existe. O si pero… ¿trataron de definir alguna vez un misterio? Bueno, así, no se puede, porque el misterio te
cautiva, te obnubila la capacidad de categorizar lo que te pasa, te deja sin
defensas porque no entendés que es eso que estas sintiendo con cada centímetro
del cuerpo, pero que no existe en ninguno, te colisiona el pecho.
Me gusta mirarte,
tu pelo despeinado a propósito, tu bigote/barba incipiente, tu sonrisa.
Como me gusta tu sonrisa. En mi cabeza estás siempre rodeado de alguna especie
de humo (si humo, así te dibuja mi imaginación, pero un humo distinto, de esos
que desdibujan formas fijas para hacerlas etéreas y perfectas en su
indefinición) siempre distante. En esa
distancia incorpórea tenés música propia, distinta, y vibrás, la transmitís con
vos, intrínseca a tu esencia, la bailás...
Y cuando bailás! La puta madre! Cuando bailas sos el dueño absoluto de
lo que quieras, porque tu alma brilla tanto que me enceguece, no puedo verte bailar porque me ahoga la luz, emanas
placer (me supera, me voy de tema, si fuera así de fácil poder decir lo que
siento, no valdría la pena bailarlo).
No te conocía, no se quien sos, en mi cabeza eras tan
brumoso como la copa del cerezo de tu antebrazo, tan indefinible como delimitar
sentirse pleno. No sé si te quiero, si en algún momento te quise, casi podría
decir que me era indiferente… pero me gustaba mirarte, idealizarte, sentir que
eras una proyección mía, que nuestras escencias estaban conectadas en otro
lado, en algún plano, y que me energizabas… Vamos a hablar crudo, cojer con vos
en planos cósmicos que sólo para mi existían, porque ahí podía perderme en ese
ser que era pura energía, que me hacía acabar universos, que me teletransportaba,
me licuaba y me devolvía a la vida terrenal más crecida, más realista, realizada.
Sí, todo eso, sin que nisiquiera sospeches que pasaba por mi cabeza y
vibraba en cada átomo de mi cuerpo.
Pero entonces anoche. Pero entonces una seguidilla de
eventos que llevaron a anoche. Pero entonces yo, dándome cuenta que ese ideal
ya no está, nunca estuvo, pero ahora está menos. Pero entonces yo descubriéndote,
descifrando el misterio, conociendo esas partes de tu vida que no se si quería conocer,
porque me divertía comerme el viaje y “flasharla” con una relación energética,
con una conexión cósmica (ok, pendeja delirante). Nunca nada fue amor, pero era
todo amor, y vos al medio. Y vos sin tener idea que todo esto me efervecía.
Ojo, nunca fue con dolor, nunca no lo disfrute, necesitaba tenerte lejos, super
lejos, para poder construír la historia que yo quería.
Pero entonces ella, como un factor que me hizo darme cuenta
que no me hacías falta. Que en realidad no me importaba, porque todo lo que
sumaba a iluminarte a mí me colmaba más, entonces de qué quejarme. Pero
entonces yo conociéndola a ella, y entendiendo que sí, no podía ser de otra
manera, y yo queriéndola, porque es inevitable hacerlo.
Pero entonces tu tatuaje. Y entonces ese malestar sin
nombre, esa oscuridad que apago todo un ratito para hacer un micro duelo.
Porque tu tatuaje… ahora es una obra de
arte, ahora tiene colores, líneas definidas, ahora es el mejor tatuaje que ví, y
te encanta y es TU tatuaje. Pero entonces yo dándome cuenta sin darme cuenta
que ese tatuaje, el que ya no es, definía lo que yo idealizaba, porque era casi un
espejismo, porque no podía ser corpóreo o temporal, sino que se esfumaba, se
evadía, y en esa nada me hipnotizaba, me aprehendía. Y entonces se fue, entonces
te vi y te conocía, te vi a vos no a eso que yo cree, y me encanto lo que ví,
sos un ser divino… pero doliste, doliste ahí donde duelen las idealizaciones caídas
o las ilusiones rotas. Doliste aunque no esperaba nada de nadie, aunque no me
interesaba. Y con ese dolor dimensione todo, y al final llegue a mi casa y me
reí de mi, me reí de lo divertido que fue. Y también te agradecí, porque de una
manera intrincada fuiste la caja de resonancia que necesitaba para darme cuenta
la capacidad (voy a seguir sin decir necesidad, para eso todavía me falta
vencer muchos escudos personales) que tengo de sentir.
Y creo que si tratara de contar a alguien lo que me pasó esa
noche, la única en la que necesite irme porque me oprimía verte, lo pondría quizás
en palabras como estas. Y terminaría con una frase resumen que borraría todo el
resto, porque es mi mambo, y porque cualquiera prefiere quedarse con un: “o no
sé qué me pasó, pero flashé fuerte, y me divirtió comerme el viaje”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario