lunes, 20 de octubre de 2014

despedidasamargas

Y entonces agarró sus cosas en silencio, mientras lo miraba dormir como siempre, como nunca, después de no haber podido dormir en toda la noche a pesar de tenerlo al lado. Se levantó y se fue al baño, ¿volvería a verse en ese espejo? Sentía que todo a su alrededor se desmoronaba, todo lo que creía haber construido se apagaba, todo lo entera y en paz que se sentía... pero no podía detenerlo, ya no quería hacer más, ya no tenía ganas de intentarlo. La música sigue, la música siempre sigue.Las cosas que nos pasan son efímeras, avanzan, evolucionan, somos los mismo pero no, y ella, quizás, empezaba a necesitar otra cosa.
No importa que pasó en realidad, no importa cuales fueron los hechos concretos, porque nunca importó. Porque siempre fue un juego de idealización/desidealizaciones en las que tiraba un turno cada uno, y mientras, el otro aprendía a querer las realidades y no las proyecciones. Pero así y todo, real o inventado, mantenían una fantasía, incluso queriéndose a destiempo.
Disociada su cabeza de su corazón para tratar de sentir y no pensar, para callar un rato las ideas y por una vez animarse a eso a lo que sus escudos personales no la dejan, había logrado que pelee contra su miedo a abrirse a alguien, que se anime a entregarle a alguien su vulnerabilidad. No lo sabia, no podía saberlo, a pesar de que siempre lo considero otro ser-erizo, que solo puede querer a distancia. Y quizás se explica así, no? Solo sabía querer de esa manera, pero ella también, y de vez en cuando los erizos se olvidan que demasiada cercanía pincha... y que demasiada distancia congela también.
Mientras se miraba en el espejo de su baño, intentaba tragar el nudo que se le formaba en la garganta, no derramar esas lágrimas, no llorar porque nunca fue parte del trato, eso no tenía que pasar "¿porqué? si solo queríamos pasarla bien…"
Pero solo queremos pasarla bien llevo a una seguidilla de eventos que terminaron con un erizo olvidándose del filo de las espinas… y todo porque adentro suyo creció algo que ocupo todo, sentía, amaba, y el amor te excede, te obnubila, se derrama por todos lados y ocupa cada intersticio de tu vida, el amor no es esa bandera que sostiene las relaciones, es la forma de relacionarse la que sostiene el amor, y cuando ya hay amor, no se vuelve, no se puede…  no se acostumbra a sentir y no lo pude manejar, necesitaba acercarse, quererlo, llenarlo de ella por todos lados, inundarlo. Lo ahogo quizás, lo sabe, y solo generaba más alejamiento, mas retraimiento. Pero no podía, no podía volver a ser un tempano porque le hacía falta, casi a nivel de prioridad, lo quería ver, tocar, necesitaba su sonrisa, necesitaba solo un abrazo. "Me derretiste e hiciste explotar ese color que no te cansaste de enseñarme, es el más energético" pensó … las pasiones son peligrosas armas de doble filo.
Pero tenía que parar, porque entonces ese día se sintió sola durmiendo en su cama, porque se paró frente a un espejo y no sabía quién era, ¿y la sabiduría? Y el raciocinio? ¿Y el ser frío y pensante del que se jactaba ser? Estaba mendigando cariño, estaba puteando contra prioridades que ya conocía y que de repente molestaban. ¿Qué estaba haciendo?
Y entonces entendió, y lloró lágrimas amargas como nunca. Porque fue un aprendizaje nuevo, un poquito de crecimiento, un golpe que hacía falta pero para el que no estaba preparada de forma tan brusca. Lo amaba, de cierta manera rebuscada, complementándose con él sin saber cómo. "Te amo, quizás, sos la persona con la que más comodidad logre en mi vida. Pero no puedo estar con vos, porque me rompiste el corazón, porque hiciste que me convierta en eso que más odio, porque me hiciste mendigar cariño, me hiciste traicionarme a mí misma."  Pero ella sabía que no, que el no había echo nada, que era ella quien se había olvidado de ella misma, y sabe que en el fondo, donde el no tiene miedo de engancharse, de volverse un poquito vulnerable y se anima a querer... en el fondo tampoco quiere eso que es ahora, sabe que sería más cómodo no quererlo tanto, sería más fácil si siguiéramos diciendo "no pasa nada estamos bien" ... queres eso frío, “lunar” dijiste alguna vez, la fantasía sin hacerse realidad. Necesitaban quererse a destiempo, necesitaban no quererse porque esa era la magia, esa era la esencia sin malentendidos, sin peleas, era todo tan bueno porque era irreal.
"Te dejo la llave acá, te dejo mi corazón acá también, acordate que fue tuyo, que siempre lo va a ser en parte, me enseñaste a amar, me enseñaste a ver la vida con amor, me hiciste darme cuenta todo el amor que puedo dar, todo lo que puedo llegar a sentir, gracias. Pero necesito otra cosa, no quiero sumar cosas que no sean constructivas a mi vida, y en este momento no me suma estar así, no me suma llorar, no me suma no poder pensar por afuera, no poder despegarme, necesito recuperarme. A mí, sola. Yo, como siempre. Yo. Solo te estoy diciendo esto porque necesito limpiarme, necesito decir todo eso que no nos dijimos, necesito poner en palabras algo que siempre me quemo solo a mi adentro mío, y vos me vas a mirar y no va a decir nada, porque siempre me miras y no decís nada, y entonces nunca sé que pasa. Pero ya no me divierte, ya no sé si quiero jugar a tratar de romperte cuando yo me desarme contra mi pesar. No te tengo rencores, te entiendo más incluso de lo que vos te entendés, no tengo ganas insatisfechas o quizás sí, la de morderte todos los lunares, la de dibujarte constelaciones en la espalda, las de infinitos cafés escondidos en tu departamento del mundo, creyéndonos inmortales… y ahora tampoco palabras no dichas porque te las dejo todas, aunque no soportes verme llorar, aunque no puedas lidiar con emociones y yo te apabulle con esta especie de ebullición… No hay caricias amontonadas, nos las dimos todas, jugamos a todo lo que quisimos inventar con el otro, ni malos tragos, ni restos de veneno porque jamás existieron, porque con vos siempre todo fueron whiskys y risas, besos y flores. Ni fingir indiferencia, porque sería falso, ni fingir amistad porque a esta altura ya no puedo ser tu amiga, no me interesa. Queda todo y no queda nada. Diciéndote chau, te amo más que nunca, te amo con todas esas letras, con todas las veces que moría por gritártelo y no me animaba porque tenía miedo que te aleje, que te asuste. Te amo tanto, que me olvide cuales eran las características con las que me identifico, que me volví terrenal, que me olvide que hace falta despegarse, no aferrarse, que querer no es poseer, no es aprisionar. Y necesito acordarme, para quererte sin patología, sin llantos, sin exigencias desmedidas y sin pedirte que dejes de ser quien sos, necesito decirte chau para poder volver a ser dos individualidades que caminan juntas pero sin olvidarse que cada una es un camino propio, en realidad, para volver a encontrar mi individualidad, porque nunca la perdiste, porque la estabilidad de tu estructura no falla, jamás, pero yo me olvide un poco de eso, y necesito recordarlo." Hoy necesito volar.



jueves, 10 de julio de 2014

minotauro

Y es que lo que pasa, corazón, es que después de años de estar encerrado en medio del laberinto, acumulando pasiones sin nombre, engrandeciendo ternuras sin dueño, alimentando amor para dar sin propietario... cada vez que alguien llega al centro y lo visita enloquece. Y en su vorágine de amor/destrucción se lo come o se destruye por la emoción. Nadie sabe lidiar con las pasiones.

jueves, 19 de junio de 2014

insomnio

Existe una ciudad, una ciudad de la que nadie sabe el nombre, o quizás nunca lo tuvo, o quizás ya ni importaba. No importaba porque conocer su nombre no era requisito para conocerla o para llegar a ella. Solo unos pocos conocen la ciudad de la que hablo, su apariencia, sus calles; y aún incluso los asiduos visitantes no podrían explicar por qué caminos, siguiendo cuales rutas.
En esa ciudad nunca es de día, la noche eternizada, la luz de la luna como único satélite en el cielo. Es la ciudad de Los Que No Duermen.
Pero no Los Que No Duermen como actividad de dormir, de recostarse, de cerrar los ojos, de contar ovejas, de poner el cuerpo a descansar (en lo posible) en posición horizontal. Hablo de todos los que cierran sus ojos en el silencio de sus habitaciones para seguir pensando y sintiendo, para despertarse en algún ese otro lado sin pausa en su cabeza.
Los pocos que recuerdan algo de sus viajes al raro lugar, la describen con palabras embrolladas, como intentando desenredar una maraña de hilos, de calles, de nombres, de caminos sin fin, avenidas, autopistas, costaneras. Cada uno camina sin cesar por ellas, subiendo bajando, volviendo, nunca recorriendo dos veces el mismo lugar. Hay música en cada uno y se ve avanzar cuerpos meciéndose a ritmos distintos.
Siempre es de noche, pero esas noches de verano en donde las estrellas brillan con más fuerza y corre un vientito que refresca los corazones. 

Nadie habla con nadie, todos bailan caminando, todos caminan. Pero hay  un detalle… las miradas furtivas entre los caminantes dejan sus huellas, y de repente en una calle cualquiera durante el día cotidiano se chocan con un completo extraño, y lo reconocen, y sus encuentros los hacen temblar.

sábado, 7 de junio de 2014

1

Milo tiene los rulos despeinados, la sonrisa franca, los ojos inocentes. Milo te mira y confias en el, queres abrazarlo y decirle que se cuide, que no sea tan ingenuo, que la vida no trata solo de correr luciérnagas en noches de verano, o volar barriletes en tardes de otoño. Milo a veces necesita que lo sacudan y le muestren que la realidad no va solo de besos y porros.
No fue un error conocerlo, pero éramos dos seres humanos que creían en ideales distintos, que sintieron en tiempos distintos sin posibilidad de reencuentro. Algo lejano y trascendente nos une. Compartimos todo lo que nos permiten nuestras diferencias.
Milo…
Milo apoya la punta de su lengua en mi espalda baja, y me estremece. La piel se me pone de gallina, hasta la última conexión nerviosa se enciende. Aprendió rincones de mi cuerpo con el tiempo, y sabe dónde tocar para embargarme. Sube despacio y se come mi cuello, me vuelvo vulnerable. Sonríe, con esa sonrisa de quien e cree ganador de un tesoro, y aprisiona en su pupila hasta el último gramo de alma que se escapa por mis poros.

Milo es tan nene chiquito unas veces, pero entonces me hace acordar que no, que el también construye fachadas, que él también es un disfraz detrás del cual…

heladas

Le gustaba sentirse etérea. Y entonces descolgaba su sonrisa y dejaba que el frío viento de invierno la cale hasta los huesos,  formaba un copo de hielo más brillante que cualquier diamante y lo guardaba en su corazón, para enfriar todo e inundarse de blancos. Agarraba con las dos manos su taza de té y sentía el olor a rosa mosqueta entrar por sus pulmones, impregnarle el alma. Sonreía y se olvidaba.
A veces quería vivir de humos de colores, de aires puros matutinos, de aires limpios de ocasos otoñales. Le gustaban los colores fríos, los días de sol helados, los buzos largos y los abrazos caricia.
No sabía estar en un lugar ni detenerse a pensar en un tiempo, se olvidaba de aferrarse al piso y se metía para adentro.  Estaba llena de lugares desolados, minimalismo.
Lleno una botella de agua, prendió una vela y el olor a cítricos invadió todo. Subió el volumen y se dejó, un solo de saxo la envolvió y se la llevó, se le congelaron un poquito las pestañas antes de darse cuenta que el frío se le estaba escapando para afuera.

Abrió los ojos despacito, derramando una catarata de destellos y en la luz tenue del sol del otoño de las cinco de la tarde lanzo una carcajada.

miércoles, 4 de junio de 2014

de esos que mientras duran son eternos

No tenía ninguna magia ni historia disparatada. Era un poco de cotidianeidad que se confundió por un exceso y mitad en joda mitad enserio se animaron a flashar. El vivía donde siempre, trabajaba en el negocio de la familia o se drogaba, sus dos actividades diarias. Ella era amiga de una amiga de una amiga, o algo así; demasiado aburrida de la nada, de constantes que no tenían conflictos buscaba enquilombar su vida con un motivo sin motivos. Se conocieron en una salida de esas que terminan a la mañana con los tacos en la mano, la ropa y el pelo de la noche anterior pero como si los hubiera atacado un huracán, y el delineador corrido. Decidieron pasarla bien sin preguntarse demasiado, y era lógico, después de eso ella se iba a subir a un avión para irse a vivir del otro lado del mundo. Perfecto. "Es lo que busco", "yo también", sonrisa y beso intenso. No mucho más que eso. Al menos durante la primera semana. 
La segunda semana fue la de "qué rico olor que tenés". Y "qué rico olor que tenés" viene acompañado siempre de esa cosa en la panza, de los besos en puntos estratégicos del cuello, esa sonrisa mientras me abraza así no ve que estoy sonriendo, desayunarse mientras el agua del te hierve en la pava que silba rítmicamente. No tengo ganas de irme, y bueno, no te vayas, y así durante un par de días.
Una semana después ya salieron de la cueva, fueron a comer y a patinar, querían tener anécdotas, ir al cine, tomar helados, chistes y carreras, volver tan ebrios de algún bar bailando en cada semáforo que encuentren y con tantos perros callejeros como haya en el camino. También empezaron a mirarse en silencio y a cortar el momento incómodo con un beso para no decir esas palabras, porque la estamos pasando bien, ¿no? Vos ya te vas, disfrutemos de lo que queda. Obvio, sí, es la idea, vení, vamos a tocar la guitarra un poquito.
Para completar la idea de historia cliché es necesario mencionar la música. La droga. El whisky. Noches de generar recuerdos que después iban a doler, o a extrañar… básicamente. Porque el recuerdo de las noches de droga, vino y música es mucho más entretenido que las noches de droga, vino y música. 
Demás está decir que miraron películas geniales y buscaron la banda sonora y se descargaron los discos y no pudieron creer lo buena que está esta banda, cómo no la descubrimos antes. Y que cenaron y no te puedo creer! Tampoco le pongo azúcar al café.
Y a la cuarta semana se querían morir. Obvio. 
El baldazo de agua fría los sacó de la película y los devolvió a la vida real en esos quince minutos de despedida antes de que ella se fuera al aeropuerto, sola, en taxi, porque el tenia que laburar y ya no podía faltar mas.
Ella estrena vida en el primer mundo, pateando calles y haciendo lo que ama, él se separo del viejo y abrió un localcito solo. Se hablan casi todos los días, pero con el tiempo se van espaciando las conversaciones. Dejan de saludarse por el cumpleaños y no se revisan más las fotos. La música sigue. La música siempre sigue.
En una realidad paralela están juntos y felices, porque resulta que sí, iban a ser felices. Pero en la realidad de acá no hay mucho espacio para esas cursilerías y a nadie le importa lo que podría haber sido, nena, seguí moviéndote que entorpeces el tránsito


domingo, 25 de mayo de 2014

un poco de nada y de todo

Ah Renata, vendedora de palabras que viaja por la vida abrigada con sonrisas, nómade, amiga del viento, atado al pasado, al porvenir, siempre en todos lados, nunca por aquí. Le llené de piedras los bolsillos, y por algún tiempo funcionó, se quedó en la tierra, empezó a respirar de a poquito en el hoy, en las realidades de vida cotidiana, de rutinas y cosas pautadas.
No sé cómo ni cuándo ni dónde la conocí, eras la prima de un amigo del vecino del kiosquero de una tía, del destino que nos quiso unir.
Nunca empezó, aún no se si acabó, es difícil saberlo, nos hablábamos en un mundo paralelo, donde ella me transportaba, sin cerrar los ojos, sin levantarnos de la cama. Le contaba del cielo y las estrellas, formulas y teorías de física, guerras mundiales y socialismo. Ella charlaba de sus amores, desgracias y promesas, Freud, Lacan, José Ingenieros, Harry Potter, las uñas, el pelo. Y así como así, quemábamos sedas, creábamos humos de colores y nos acabábamos la bolsa de caramelos con el mismo entusiasmo, nos desayunábamos con esa gracia infinita, moviendo las manos, sonriendo, poniéndonos a prueba, retándonos a duelo. Un cable a tierra que irónicamente en vez de vaciarme me llenaba.
Algo tenía que me atravesaba, mirarla desnuda peinarse frente al espejo, paseándose con mi camisa desabotonada, quejándose de su facultad, su familia, del frío, del calor, del ruido, de mí, de ella, de vos, de yo.
Cómo nos queríamos, cómo la quiero. Nos mirábamos con una sagacidad animal, éramos pura piel, en una confianza que no sabría explicar, y su alegría, sus besos, esa manía de abrazarme por la espalda, de jugar con mis lunares, de mirarme dormir sin hacer nada, esas constantes ganas de quedarnos tirados, pero juntos. No jugábamos a la rayuela, no había ningún cielo que alcanzar. No perseguíamos un objetivo ni nos hacíamos planteos, si nos caíamos nos reíamos del tropezón y a lo supo nos raspábamos las rodillas pero nada más.


Renata es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber, es a veces tan retorcida que hay cosas de ella que prefiero no conocer A veces siento que no puede, no por mala sino porque no sabe entregarse del todo, mostrarse transparente, enseñar sus fantasmas, pero entonces solo puede  dejarse ir, y así vive de acuerdo a lo que piensa y siente en ese momento, sin hacer reflexiones o cuestionarse implicaciones futuras.
Nos abrazamos por última vez, y mientras veía cerrarse el ascensor con ella adentro, chueca y despeinada… no pensé en nada, intentaba no atarme tampoco, lo curioso es que con el tiempo necesite curitas, la caída me dolió más de lo esperado, el raspón entre nostalgias de noches largas comenzaba a crecer.
Que hermosa estaba Renata esa noche, si tan solo sus ojos fueran claros como su piel, si tan solo su alma no entrañara el laberinto de espejos que la hace chocarse una y otra vez.

No podría decirte que le pasó, que cosas se le cruzaban por la mente mientras intentaba convencerla de que no hacía falta que le pongamos un nombre o que le busquemos una explicación a esto que pasaba. Yo creo que la amaba, en dos semanas había llegado a morderme la lengua para evitar decirle “te quiero” y estrujarla en un abrazo que la pegue a mí para siempre, para comérmela, introyectarla, que sea parte mía.

Renata era, es, tan contradictoria, me hablaba del futuro, de viajes, de lugares que quería que conozcamos juntos, de películas que quería que vayamos a ver, me hablaba de nombres y número de hijos, de muebles y plantas que quería tener. Me agarraba la mano, qué chiquitas eran, haciéndome las preguntas más extrañas, y yo le pedía opciones para responder A, B, C, no quería decirle algo que no quisiera escuchar, necesitaba que me sonría, que cuelgue sus ojos de los míos y me aprisione con ella. Renata había encendido el tendido eléctrico de mi cuerpo, me había partido como un rayo en medio de la tormenta más prolongada de mi vida, y no me había dado lugar a elegir. Renata estaba dentro mío, desde el primer momento en que me pidió que le convide un cigarrillo y que la acompañe a su casa porque no quería caminar sola; tenía la mirada perdida y el delineador corrido, la miré y a ella le costó establecer contacto, rehusaba mirarme a los ojos… pero cuando lo hizo, supe que dejarla sería más difícil que convivir con sus mambos. ¿Entendés? Me volvió loco, esquema que se le cruzó fue torre que cayó, yo iniciaba la cuenta regresiva, ella ya quería irse, y entonces le compraba medialunas, hacíamos leche con chocolate, y le robaba minutos silenciosamente, para mirar su sonrisa un rato más, para sentir la brisa que abanicaban sus pestañas al parpadear.

Entre flores, chocolates y sabanas cómplices, quiso terminar. Yo ya tenía presupuesto de los viajes, el mapa de los ríos que quería conocer, había leído su libro favorito y sabía que elegía chupetines verdes, pero Renata dibujando mandalas en el sillón de su casa, un día no se cuando, me miro con esos ojos árabes, complejos, y frunciendo la nariz, me dijo que debía alejarse.

No me dio motivos, cancelé cualquier intento por reconquistarla, le puse paños fríos a la psicología inversa y me redimí a sus pedidos, como siempre, que se yo, jamás podría haberle negado nada y ahora era igual, Renata hacé la tuya, quizás logre hacer la mía también.



Me puse los guantes, enrollé la bufanda alrededor de mi garganta anudada y aguantándome ese dolor inasimilable en el pecho salí rumbo a ningún lado, ah no, miento, iba al cine, pero en verdad no me acuerdo si la película fue muda, o era yo quien no quería escuchar.