domingo, 13 de septiembre de 2015

malos ratos y manías

Caminó las últimas tres cuadras pensando en qué punto se encontraban en ese momento. Se subió al ascensor sin haber encontrado esa respuesta. No sabía muy bien que debería estar experimentando en ese momento, cómo sentirse…
Abrió la puerta del departamento y él se le abalanzó encima, para comérsela en un beso y una promesa de haberla extrañado. No sentía nada. Él le había traído chocolates, pero a ella últimamente todo le sabia agridulce.
Quizás había abusado de duelos imaginarios, intentando despegarse de él, quizás lo había acabado tantas veces en su cabeza que ya no podía disfrutarlo como antes. Se había exiliado, se sentía tan sola, tan vencida.
 Otra vez esa puta melancolía le tiraba el pelo y se instalaba en su cabeza, en su cuerpo, en la punta de sus dedos.
Sus ojos gritaban por auxilio, se le llenaban de lágrimas por las letras más insulsas, estaba rota.

Y afuera tiran fuegos artificiales, el cielo se llena de colores, y ella empieza a apagarse, necesita correr. Pero ¿a dónde? 

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